El dinero negro también entra en cuarentena

Imagen de una obra en Sevilla el pasado 23 de marzo.Imagen de una obra en Sevilla el pasado 23 de marzo.Paco Puentes / EL PAIS

“Lo más desesperante para una sociedad es la duda de que vivir honradamente sea inútil”. La frase está grabada en el Ayuntamiento italiano de San Luca, cuna de la Ndrangheta calabresa. En Italia, con la crisis sanitaria centrada en el norte del país, el sur vive sin embargo un escenario especialmente dramático por la miseria de una economía que hunde sus raíces en el dinero negro. Así lo muestran los supermercados custodiados por la policía ante el riesgo que saqueos. Nicola Gratteri, el magistrado italiano reconocido por su lucha contra la mafia, admitía hace unos días que el coronavirus puede ser la excusa perfecta para que la delincuencia gane aún más posiciones en la sociedad. El lunes, alcaldes desesperados de los alrededores de Palermo denunciaban en el Goirnale di Sicilia que necesitan la tramitación urgente de fondos para comprar alimentos a las familias como respuesta a la crisis. No se trata solo de que haya actividades ilegales (drogas, prostitución) ralentizadas o directamente congeladas. El dinero negro ha dejado de fluir también desde muchos negocios legales que se han visto obligados a parar, como los de hostelería, construcción o los servicios de reparaciones. En Italia y en todo el mundo.

“Lo primero que se me viene a la cabeza es el trabajo doméstico”, reflexiona Verónica López, economista en AFI. “Muchas mujeres no van a poder justificar el cese de actividad para poder recibir ayudas”. Miseria sobre miseria. La situación de informalidad, “que a menudo cuenta con la connivencia del conjunto de la sociedad”, denuncia, complementa o es la fuente principal de ingresos de miles de familias. La pregunta es cuál es su peso real y qué hay que hacer para contener su impacto negativo sin que los tramposos que se benefician de ella salgan beneficiados de esta crisis.

Peso de la economía sumergida

en el PIB

Estimaciones del FMI por países, en %.

Datos de 2017

Enfoque macroeconómico

Estimación ajustada por el método Mimic,

que excluye actividades como el contrabando

Grecia

Italia

España

Media

Portugal

Francia

Dinamarca

Alemania

Reino Unido

Fuente: FMI.

EL PAÍS

Peso de la economía sumergida en el PIB

Estimaciones del FMI por países, en %. Datos de 2017

Enfoque macroeconómico

Estimación ajustada por el método Mimic,

que excluye actividades como el contrabando

Grecia

Italia

España

Media

Portugal

Francia

Dinamarca

Alemania

Reino Unido

Fuente: FMI.

EL PAÍS

Peso de la economía sumergida en el PIB

Estimaciones del FMI por países, en %. Datos de 2017

Enfoque macroeconómico

Estimación ajustada por el método Mimic, que excluye actividades como el contrabando

Grecia

Italia

España

Media

Portugal

Francia

Dinamarca

Alemania

Reino Unido

Fuente: FMI.

EL PAÍS

El plan estratégico de la Agencia Tributaria publicado el 28 de enero trasladaba para España el cálculo del FMI que estima que la economía sumergida supone el 11,2% del PIB, (unos 145.000 millones de euros). Si se añaden actividades que nunca se podrían regularizar, como el contrabando de productos ilegales, sube al 17%. José María Mollinedo, secretario de los técnicos de Hacienda, Gestha, eleva ese porcentaje hasta el 24% del PIB. “Pero lo importante no es la foto, es la tendencia”, dice al otro lado del teléfono, y esa tendencia es de crecimiento del dinero negro, incluso en épocas de bonanza como la que se acaba de terminar. El efecto que añade el coronavirus, cree, es que podría darse una mayor sensación de impunidad por el hecho de que los funcionarios, por ejemplo los inspectores de trabajo, no puedan llevar a cabo su labor con normalidad durante el estado de alarma. “Hay muchas contrataciones irregulares, como peonadas ocasionales, que grandes empresas agrícolas pagan a través de facturas que emite una supuesta empresa, encargada de llevar y traer gente a las explotaciones en furgonetas, que incumplen habitualmente sus obligaciones tributarias, y creemos que se siguen produciendo a día de hoy”. Otras actividades, cita, desde mudanzas a montajes, recogida de chatarra o empresas de restauración que pagan en negro, habrán cesado.

Francisco Alcalá, uno de los investigadores del Ivie y catedrático de la Universidad de Murcia, recuerda que en España las actividades que siguen en pie, tanto las fábricas como los distribuidores (supermercados, farmacias), están ligadas a canales de venta regulares. Entre los que han detenido el negocio, la obtención de avales o subvenciones estará ligada a que demuestren algún tipo de actividad previa. Señala que hay sectores que sufren especialmente lo que el presidente Pedro Sánchez llama “hibernación” de la economía y que se sabe, a través de modelos económicos, que pagan menos impuestos de lo que deberían. “Esas actividades son de las que más están sufriendo y necesitan ayudas. Hay que apoyarles, pero es el momento de decirles que no caen del cielo”. ¿Es esta una oportunidad para obligar a que aflore el dinero negro? Alcalá cree que sí, introduciendo contrapartidas a ese apoyo por parte de los poderes públicos.

Más pesimista, Pablo Díaz, de la UOC, apunta a que la dimensión del problema tendrá que ver con la duración del confinamiento. “Lo queramos o no, la economía sumergida es bastante dinámica. Cuando se reinicie la actividad, volverá. Todo depende de lo que dure este estado”. Desde el IE, el profesor de Economía Juan Carlos Martínez Lázaro piensa que es la hora de que el Gobierno aplique “de una vez normas para reducir el dinero en efectivo”, ahora que se da la excusa perfecta: evitar el la propagación del virus a través del metálico.

Aunque más allá de soluciones puntuales, algunos economistas creen que esta crisis zanjará el debate de los últimos años centrado en bajar impuestos sin pensar en las consecuencias que eso tiene para los servicios públicos y el bienestar de los ciudadanos. “Es el momento de que se den cuenta de que el Estado necesita medios y todos necesitamos contribuir”, reclama Alcalá. “Está claro que hay que luchar contra la corrupción y fortalecer los mecanismos de control. Porque cuando la solución al despilfarro es reducir los medios del servicio público, lo que se consigue es lo que estamos viendo en el sistema sanitario”, añade. Para Mollinedo, determinados postulados, como que el dinero “está mejor en manos de las personas”, desaparecerán “porque los defensores de estas medidas ahora están pidiendo que el Estado pague todos los costes”.

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