La economía de la zona euro se desploma un 3,8% por la pandemia

Una fábrica de Porsche, que reanudará su producción por etapas el lunes tras el parón por el coronavirus.Una fábrica de Porsche, que reanudará su producción por etapas el lunes tras el parón por el coronavirus. / Europa Press

La pandemia ha puesto el punto final a seis años de crecimiento ininterrumpido en Europa. Apenas dos semanas de confinamiento para frenar la propagación del virus bastaron para hundir la economía de la zona en un 3,8% respecto al trimestre anterior, según la oficina estadística Eurostat. En el conjunto de la UE, el descenso fue del 3,5%. La caída es incluso mayor que la sufrida tras la crisis de Lehman Brothers. Aun así, ese dato solo recoge la antesala de la que los analistas coinciden que será el mayor desplome jamás vivido en el continente desde la fundación del proyecto europeo.

Muy atrás deben mirar los líderes europeos para hallar un desastre económico similar al que atraviesa hoy la UE. La canciller alemana, Angela Merkel, acertó a calificar la pandemia como el “mayor desafío” desde la Segunda Guerra Mundial. El dato publicado por Eurostat refleja solo, sin embargo, el preludio y el primer acto de la crisis. Esa caída recoge los efectos de la crisis en China en la economía europea; las primeras medidas de “precaución”, como la suspensión de grandes eventos, y, por fin, las primeras semanas de confinamiento. En concreto, tres en Italia, dos en España o Francia y una en Alemania o Polonia. Todo eso bastó para que se hundieran los mercados financieros.

Sectores enteros quedaron prácticamente congelados a partir de entonces. Europa se convirtió un continente con fábricas cerradas en Milán, con hoteles sin huéspedes en Atenas, restaurantes sin comensales en Barcelona, cervecerías sin clientes en Bruselas o teatros sin público en Ámsterdam. Semana tras semana, los indicadores económicos han ido registrado siempre “los peores datos de la serie histórica”. Da igual en qué momento empezara el registro de cifras: en los noventa, como los que recogen la producción industrial en Alemania, o en la década de 2000, como los datos que expresan las expectativas de empleo de los europeos.

Eso ha acabado trasladándose a los retrocesos del Producto Interior Bruto que han ido conociéndose hoy: del 5,8% en Francia, el 5,2% en España, el 3,9% en Bélgica y el 2,5% en Austria. La consultora Capital Economics estima que antes del confinamiento Francia crecía un 0,1% y España lo hacía a un ritmo del 0,4%, por lo que la caída de la actividad durante la segunda quincena de marzo fue del 35%. Para el segundo trimestre, prevé un desplome del 20% en un entorno de baja inflación. La variación de precios en abril, según la oficina estadística comunitaria, fue del 0,4%.

Rescates de empresas

En ese periodo, las empresas tuvieron que prepararse para hacer frente más a un breve parón que a un largo letargo. Los avales de los Estados, más generosos en unos países que otros, debían dar liquidez suficiente para evitar la mortalidad de compañías. Pero eso no bastó. Las empresas, empezando por las aerolíneas, han empezado a llamar a la puerta de sus gobiernos. Francia o Alemania no han tenido problema en acudir al rescate de empresas como Air France, Renault o Adidas. Millones de empresas, no obstante, malviven para evitar el desastre. Y lo mismo ocurre con otros tantos trabajadores. Bruselas estima que mitad de la fuerza laboral francesa, por ejemplo, está bajo un sistema de suspensión de empleo. Según Eurostat, en marzo se destruyeron 197.000 puestos de trabajo en la zona euro.

La UE, por ahora, ha roto todos los rígidos corsés de la legislación comunitaria para evitar que las economías se desmoronen. Bruselas ha decidido flexibilizar las reglas fiscales, la normativa en ayudas de Estado y los requisitos para las provisiones de la banca. Todavía debe movilizar el medio billón de euros acordados para proteger las fibras de la economía europea hasta que se pacte un plan de recuperación. El relanzamiento de la economía europea será clave para dejar atrás la crisis con la mayor brevedad, de forma homogénea y salvando el mercado único. “Algunos líderes tendrán que explicar en sus países que el mercado interior no se puede mantener si las condiciones son muy desequilibradas”, recordaba la comisaria de Cohesión, Elisa Ferreira, a EL PAÍS.

La UE no ha acabado a las puertas de una recesión arrastrada por las batallas comerciales y las políticas proteccionistas de Donald Trump o China. Ni por el Brexit sin acuerdo. Ni por la inestabilidad en Oriente Próximo. Todos esos factores siguen estando ahí y el riesgo de escalada es mayor. Ha sido una pandemia finalmente la que ha puesto en jaque a la economía del continente y de todo del mundo, y cuya atonía se ha reflejado con creces en los precios del petróleo. Y ello impone todavía más incertidumbres: si habrá resbalones durante el desconfinamiento, si existirá una vacuna o un tratamiento pronto o si, o el contrario, habrá un nuevo rebrote. Y si la respuesta de los líderes de la UE estará a la altura de una crisis sin precedentes para la que, recordaba Mário Centeno, no podrán echar mano de recetas del pasado.

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