Billy el Niño: acusado de torturas, condecorado por el Estado

Billy el Niño, en 1981.Billy el Niño, en 1981.EFE

“Le encantaba el mote que le habían puesto. Una vez, me tenía esposado al radiador en un despacho de la Dirección General de Seguridad, llegó, me dio un culatazo, y me dijo: ‘Has tenido el honor de que te pegue un culatazo Billy el Niño”. José María, Chato, Galante, denunció al policía franquista ante la justicia argentina por torturas. Murió el pasado 28 de marzo con coronavirus, 40 días antes que Juan Antonio González Pacheco, que ha fallecido este jueves a los 74 años de la misma enfermedad sin haber respondido ante la justicia y condecorado por el Estado.

En sus primeros diez días en el cargo, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, reclamó toda la documentación sobre el policía franquista acusado de torturas y reclamado por la justicia argentina, para ver si era posible retirarle la medalla pensionada concedida en 1977. Así lo había solicitado, tras recoger más de 200.000 firmas, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que ya se había dirigido al anterior Gobierno, del PP. Al consultar el expediente del expolicía comprobaron que no tenía una, sino cuatro medallas, todas con un incremento de pensión incorporado. Cobraba el equivalente a pensión y media.

La primera medalla, con distintivo rojo y un incremento de un 10% en su pensión, se la concedió el entonces Gobierno franquista el 20 de julio de 1972. La segunda, con distintivo de plata, se la otorgó el Ejecutivo de Adolfo Suárez el 13 de junio de 1977 por la liberación del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, y el teniente general Emilio Villaescusa, secuestrados por los GRAPO entre finales de 1976 y principios de 1977. Esta condecoración suponía un incremento de su pensión en un 15%. La tercera, también con distintivo rojo, es decir, con un incremento en su pensión de un 10%, le fue concedida por Interior el 10 de octubre de 1980. Y la cuarta, de plata, es del 30 de marzo de 1982. En este caso, era para toda la Brigada de Información, a la que pertenecía Billy el Niño, y suponía un 15% más en su pensión. El expolicía franquista la reclamó por vía judicial cuando ya disfrutaba de los beneficios de las otras tres medallas, porque pese a formar parte de dicha brigada no se le habían abonado las cantidades aparejadas a la condecoración. Una sentencia judicial le reconoció los efectos económicos de esa medalla el 12 de diciembre de 2010, según las mismas fuentes.

Galante tardó muchos años en hablar públicamente de las torturas recibidas. Fue con el movimiento para la recuperación de la memoria histórica y la querella por los crímenes del franquismo cuando decidió recordar los golpes. Así lo hicieron también otras víctimas, que se sumaron a la querella argentina e incorporaron a la causa testimonios como estos: “Me dio tal paliza que creí que me iba a matar” (Miguel Ángel Gómez). “Me daba golpes con los puños en la cabeza y la espalda” (Francisca Villar, detenida con 18 años). “Me dio un fuerte golpe en los genitales”, contó Jesús Rodríguez; “No era un funcionario que torturaba, era un torturador compulsivo, disfrutaba haciéndolo. Decía: ‘Te puedo destruir”, recordaba Chato Galante.

La petición de la jueza argentina María Servini de Cubría para extraditar a Billy el Niño fue finalmente rechazada por considerar que los presuntos delitos habían prescrito, pero el expolicía franquista fue citado a declarar en la Audiencia Nacional en 2014. Cuando le preguntaron si recordaba haber sido procesado en algún momento por torturas, contestó: “Hace algunos años algo de malos tratos, pero creo que no fuimos condenados”.

Una ley de 1964 estableció como requisitos para recibir este tipo de condecoraciones el haber mostrado “las virtudes de patriotismo, lealtad y entrega al servicio en el más alto grado”. Cuando, antes del cambio de Gobierno, la ARMH pidió conocer la “relación de méritos y servicios de carácter extraordinario” de Billy el Niño para disfrutar de ese incremento en su pensión, el director general de la Policía respondió que facilitar dicha información podría ponerle en peligro y además, añadía, “el afectado” estaría “en un estado de constante inseguridad y ansiedad”.

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