La justicia europea señala que los pactos sobre cláusulas suelo pueden anularse si el banco no informó bien

Protesta de afectados por la cláusula suelo, el pasado enero en Madrid.Protesta de afectados por la cláusula suelo, el pasado enero en Madrid.EFE

Las renovaciones de cláusulas suelo en los contratos hipotecarios son legales, pero solo cuando el cliente estaba bien informado, comprendía lo que firmaba y tuvo capacidad de influir en la renegociación de esa disposición abusiva en su hipoteca. Es lo que ha señalado este jueves el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en un fallo que abre la puerta a que en adelante los jueces españoles decidan caso por caso si esas condiciones se cumplieron cuando el banco y el cliente firmaron una novación de este tipo. De lo contrario, dice la sentencia, el juzgado puede anular esa cláusula.

Nuevamente un veredicto del tribunal de Luxemburgo obliga a volver la vista atrás a la burbuja inmobiliaria de principios de siglo y a los años de la Gran Recesión. En aquellos años, la presencia de cláusulas suelo en las hipotecas era frecuente. Estas disponían un límite por debajo del cual un préstamo variable no podía abaratarse más. Muchos clientes ni se dieron cuenta hasta que, con el estallido de la crisis, vieron que el euríbor bajaba pero las letras de la hipoteca no lo hacían. Recurrieron en cientos de miles de casos y en 2014 el propio TJUE les dio la razón: las cláusulas suelo eran abusivas. Lo que han revisado ahora los jueces europeos no es por tanto eso, si no las llamadas novaciones, acuerdos que, antes de aquella sentencia de 2014, firmaron prestamistas y prestatarios. Esos pactos sustituían la cláusula suelo que previsiblemente iba a ser declarada abusiva por otra y, a cambio, señalaban que el cliente renunciaba a reclamar judicialmente.

En principio, y como ya señalaron las conclusiones del Abogado General a principios de este año, el TJUE no tiene nada en contra de esos acuerdos. La sentencia señala que la justicia europea “no se opone a que una cláusula de un contrato celebrado entre un profesional y un consumidor, cuyo carácter abusivo puede ser declarado judicialmente, pueda ser objeto de un contrato de novación entre ese profesional y ese consumidor, mediante el cual este último renuncia a los efectos que pudieran derivarse de la declaración del carácter abusivo de esa cláusula”. Es decir, las novaciones son posibles.

Pero a continuación aparece la letra pequeña, que determina las condiciones que harían válida esa renegociación de las cláusulas suelo. El fallo determina que una novación tendría efecto “siempre que la renuncia [a presentar reclamaciones judiciales] proceda de un consentimiento libre e informado por parte del consumidor, extremo este que corresponde comprobar al juez nacional”. Por tanto, los tribunales españoles no podrán descartar automáticamente una reclamación de cláusula suelo porque esta fuera renegociada, sino que deberán comprobar que el propio acuerdo de novación no vulneró los derechos del consumidor.

Y para ello, los jueces europeos dan también algunas pistas al recordar que la directiva europea de protección a los consumidores señala que “se considerará que una cláusula no se ha negociado individualmente cuando haya sido redactada previamente por el profesional y el consumidor no haya podido influir sobre su contenido”. En otras palabras, el juzgado deberá comprobar si efectivamente el cliente financiero, que debía ser informado del carácter abusivo de la cláusula previa y por tanto de su nulidad, tenía capacidad real de modificar el contenido de la disposición novatoria en el proceso de negociación.

En el caso concreto que ha motivado la sentencia, una cuestión prejudicial elevada por un juzgado de Teruel a raíz de la reclamación de un cliente de Ibercaja, la corte europea señala que “la circunstancia de que la celebración del contrato de novación al que se refiere al litigio principal se enmarque dentro de la política general de renegociación de los contratos de préstamo hipotecario de tipo variable que incluían una cláusula suelo (…) podría constituir un indicio de que XZ [como se refiere al demandante para no identificarlo] no pudo influir en el contenido de la nueva cláusula”. Y añade que “lo mismo cabe decir respecto del hecho de que, según indica el juzgado remitente, la entidad bancaria no facilitara a XZ una copia del contrato y tampoco le permitió que se lo llevara consigo para que pudiera tener conocimiento del mismo”.

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