Cómo el Bitcoin conoció el mundo real en África

Hace cuatro meses, Abolaji Odunjo adoptó un cambio fundamental en su negocio de venta de teléfonos móviles en un bullicioso centro comercial de Lagos: empezó a pagar a sus proveedores con bitcoins. Odunjo vende teléfonos y accesorios adquiridos en China y en Emiratos Árabes Unidos. Sus proveedores chinos le pidieron que les pagase en la criptomoneda, dice, por la rapidez y la comodidad. El cambio ha aumentado sus beneficios, puesto que ya no tiene que comprar dólares usando el naira nigeriano o pagar comisiones a las casas de cambio de moneda. También es un ejemplo de que, en África, el bitcoin –la criptomoneda original y la de mayor implantación– está encontrando el uso práctico que en general no ha encontrado en otras partes.

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“El bitcoin ha ayudado a proteger mi negocio frente a la devaluación de la moneda, y al mismo tiempo me ha permitido crecer”, explicaba Odunjo a Reuters en su tienda de dos por ocho metros. “No tienes que pagar comisiones, no tienes que comprar dólares”, decía este comerciante de 30 años, gritando para hacerse oír por encima de los ruidosos regateos y las bocinas de los ciclomotores.

Según datos y entrevistas realizadas a cerca de 20 usuarios de bitcoins y cinco casas de cambio de criptomonedas, Odunjo es una de las muchas personas detrás del silencioso avance del bitcoin en África, impulsado por los pagos de pequeñas empresas y las remesas enviadas por los emigrantes.

Las transferencias mensuales de criptomonedas inferiores a 10.000 dólares [8.500 euros] –efectuadas por lo general por particulares y pequeñas empresas– aumentaron en África más del 55% en un año, hasta alcanzar el pasado junio los 316 millones de dólares [cerca de 268 millones de euros], según muestran los datos de Chainalysis, una empresa estadounidense especializada en investigar cadenas de bloques.

El número de transferencias mensuales creció también en un 50%, superando las 600.700, según Chainalysis, que afirma que este estudio representa la iniciativa más amplia llevada a cabo hasta la fecha para seguir la trayectoria del uso mundial de criptomonedas. Buena parte de la actividad tuvo lugar en Nigeria, la economía más fuerte del continente, junto con Sudáfrica y Kenia. Esto supone un giro de ciento ochenta grados para bitcoin que, a pesar de haber nacido hace una década como herramienta de pago, ha sido utilizada principalmente para la especulación y por agentes financieros, no para el comercio.

¿Por qué este auge en África? Poblaciones jóvenes y expertas en tecnología que se han adaptado rápidamente al bitcoin; monedas locales más débiles que dificultan la obtención de dólares, la moneda de facto del comercio mundial; y una burocracia enrevesada que complica las transferencias de dinero.

Los usuarios de bitcoins entrevistados, residentes en cinco países tan diversos como Nigeria y Botsuana, manifiestan que la criptomoneda ayuda a la población a hacer sus negocios más ágiles y rentables, y también a quienes trabajan en lugares como Europa y Norteamérica a conservar una mayor parte del dinero que envían a su país. Pero los riesgos son abundantes.

El bitcoin y otras criptomonedas no están reguladas en muchos países, y su situación jurídica no está clara, lo que significa que no hay colchón de seguridad y tampoco muchos recursos en caso de perder los fondos. Un elevado número de usuarios dependen de cambistas informales para realizar el cambio de monedas locales a bitcoin, y viceversa. Los precios son volátiles, y la compraventa es un procedimiento complejo que exige conocimientos técnicos. En 2018, el banco central nigeriano lanzó la advertencia de que las criptomonedas no tenían curso legal y que los inversores carecían de protección.

A Shanghai con criptomonedas

Un flujo constante de clientes va y viene de la tienda de Odunjo, uno de la docena de establecimientos que ocupan un oscuro corredor dentro de una sección cubierta del mercado conocido como Aldea Informática. Odunjo realiza dos o tres transferencias al mes de aproximadamente 0,5-0,7 bitcoins (5.900-8.300 dólares, 4.300-6.100 euros) cada una, a proveedores de Shanghai y Zhangzhou. El este de Asia, descubrió Chainalysis, es uno de los principales socios del comercio en bitcoins con África.

Las operaciones comerciales de Odunjo nos ofrecen un microcosmos de las tendencias más amplias que se están dando en Nigeria y en el resto del continente. En este país, las pequeñas transferencias de criptomonedas alcanzaron en junio un total cercano a los 56 millones de dólares (47,5 millones de euros), casi un 50% más que el año anterior. El número de transacciones ascendió más de un 55%, hasta alcanzar las 120.000. Determinar cómo se usan las criptomonedas en lugares concretos es muy, muy difícil. Las monedas digitales ofrecen un alto grado de anonimato, y aunque en la cadena de bloques puede seguirse el valor de las transacciones, es imposible determinar la identidad y la localización de un usuario.

La gente está muy dispuesta a adoptar una tecnología que le facilita la vida”

Frankline Kihiu, cambista de criptomonedas en la capital de Kenia, Nairobi

Chainalysis, que efectúa un seguimiento de los criptoflujos para empresas financieras y para las fuerzas de seguridad estadounidenses, ha recopilado los datos mediante análisis del tráfico en Internet y los patrones de comercio, aunque las redes virtuales privadas pueden ocultar las ubicaciones. Separa las transferencias inferiores a 10.000 dólares [unos 8.500 euros en este momento] de las cantidades superiores que son frecuentes entre los agentes mercantiles profesionales.

Lo que el naira pierde, lo gana el bitcoin

Con la sacudida que han provocado en la economía nigeriana, dependiente del petróleo, los precios del crudo y la covid-19, el banco central del país ha devaluado dos veces el naira este año. Como consecuencia de ello, Odunjo y otros importadores deben pagar más para adquirir unos dólares cada vez más escasos. Las entrevistas muestran que la caída del naira ha empujado hacia el bitcoin a muchos nigerianos que buscan métodos para importar mercancías del extranjero sin tener que comprar dólares.

Sylvester Kalu, que dirige una fábrica de almidón para textiles en Uyo, en el este de Nigeria, usa bitcoins para importar insumos de Estambul y Shenzhen. “Todo es por el petróleo. Cuando el precio del petróleo cayó, la moneda extranjera empezó a escasear”, explica. “Y se convirtió en un gran problema”. Este empresario de 30 años explicaba que sus transacciones han sumado unos 2 bitcoins (20.000 dólares o 17.400 euros) cada vez, y añade: “No necesito para nada a los bancos, no necesito a nadie que use la puerta trasera para conseguir dólares”.

Timi Ajiboye, que dirige BuyCoins, una casa de cambio en Lagos, declara que, en junio, el volumen mensual de sus operaciones en criptomoneda se triplicaron con creces, hasta los 21 millones de dólares [17,8 millones de euros], tras la devaluación del naira en marzo.

¿Por qué este auge en África? 1. Poblaciones jóvenes y expertas en tecnología que se han adaptado rápidamente al bitcoin. 2. Monedas locales más débiles que dificultan la obtención de dólares, la moneda de facto del comercio mundial. 3. Una burocracia enrevesada que complica las transferencias de dinero

Casas de cambio de toda África hablan de un auge similar. Yellow Card, que opera en cinco países, declaraba que sus volúmenes mensuales en criptomonedas se han quintuplicado en 2020, hasta alcanzar los 25 millones de dólares [21,18 millones de euros] en agosto. Uno de los grandes impulsos procede de los trabajadores emigrantes que usan bitcoins para enviar remesas, añadía. Luno explicaba que el volumen combinado de las transacciones mensuales en bitcoins de todos los participantes del mercado en Sudáfrica y Nigeria había aumentado un 50% este año, superando los 536 millones de dólares [454 millones de euros] en agosto.

Es un negocio arriesgado

A algunos trabajadores residentes en el extranjero, ya sea en otros continentes o en otros países africanos, enviar dinero a su familia mediante bitcoins les puede resultar más rápido y barato. Un nigeriano que trabaje en Londres y envíe 100 libras [unos 110 euros] en efectivo a Lagos a través de una empresa tradicional de envío de dinero, por ejemplo, pagaría en torno al 5% de comisión. Los costes son más bajos cuando se envían cantidades de dinero mayores o se usa una tarjeta de débito, pero las tasas de cambio que se ofrecen están por lo general varios puntos porcentuales por debajo de la tasa de cambio oficial. Las comisiones de las remesas en bitcoins varían dependiendo de la casa de cambio o del cambista, pero por lo general, para enviar 100 libras, ascienden al 2%-2,5%. Sin embargo, tanto las casas de cambio como los cambistas informales comportan riesgos, desde el pirateo hasta las estafas.

Y el bitcoin, aunque cómodo para efectuar transferencias, no se usa mucho en el día a día: tiendas y caseros raramente lo aceptan, por ejemplo. Esto significa que los amigos o familiares a los que los trabajadores envían dinero deben convertirlo de nuevo a la moneda tradicional, a menudo acudiendo a un cambista en su país, lo cual supone un riesgo adicional.

Sin embargo, los usuarios de bitcoins entrevistados afirman que muchos cambistas informales, que dependen de los comentarios boca a boca, funcionan de manera fiable en un mercado cada vez más competitivo y tienen cuidado de no perder la buena reputación que necesitan para mantenerse en el negocio.

Y cada vez son más las personas que encuentran más beneficios que riesgos en potencia. “La gente está muy dispuesta a adoptar una tecnología que le facilita la vida”, señala Frankline Kihiu, cambista de criptomonedas en la capital de Kenia, Nairobi. “En la mayoría de los países africanos hay muchas restricciones gubernamentales que el bitcoin elimina”.

Con información de Alexis Akwagyiram desde Lagos y Tom Wilson desde Londres; información adicional de Nneka Chile desde Lagos; edición de Pravin Char.

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