Ideas para planificar el mundo pospandemia

Durante los meses de marzo y abril, ciudades de todo el mundo mostraron un panorama que no se había visto nunca en fotografías a color. Plazas, monumentos, aeropuertos, centros comerciales, lugares que solo semanas antes estaban abarrotados de gente día y noche, estaban, por culpa de un coronavirus del que nada se sabía cuatro meses antes, vacíos, cerrados a cal y canto. Una congelación forzosa que ha conducido a una de las más graves crisis económicas de la que se tiene memoria.

José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica.José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica. Andrea Comas

Pero la parálisis de las grandes metrópolis planetarias no era real. En las casas, en las empresas, las cosas estaban cambiando a gran velocidad. “En unos meses, la revolución tecnológica que estábamos viviendo ha avanzado un lustro”, reconoce el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete. El mundo anterior ha desaparecido y el virus, aún suelto por el planeta, no nos deja saber con precisión qué mundo vendrá después. Pero no podemos esperar a que las cosas se asienten para planificar qué vendrá después. Como explica Charlotte Erkhammar, consejera delegada de Kreab Worldwide, “las decisiones que tomamos durante la crisis pueden marcar al mundo durante las décadas siguientes”. Es por eso que EL PAÍS, junto a Kreab, se han enfrentado a las incertidumbres de la pandemia y convocado en la Fundación Telefónica la tercera edición de su foro Tendencias, celebrado el jueves con la presencia del rey Felipe VI y patrocinado por Telefónica y Abertis.

Catástrofe sin paliativos

Una cosa ha de quedar clara desde el principio: la pandemia está siendo una catástrofe. “Lo pasamos muy mal”, afirmó Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol. “Durante los meses de marzo y abril, en las refinerías, las plantas químicas, se contagiaba mucha gente”. “Nadie estaba preparado y hemos aprendido que no todo se puede predecir”, señaló Álvarez-Pallete. “Las pandemias no son algo nuevo en la Historia”, recordó Erkhammar. “Pero es algo nuevo para aquellos que vivimos hoy”.

La digitalización como herramienta

Entre las tendencias que ya estaban en marcha y que la pandemia ha acelerado, probablemente la más destacada es la de la digitalización de la economía. Encerrados en sus casas, los ciudadanos de los países desarrollados —incluso los más reacios— buscaron en Internet la manera de trabajar, estudiar, comunicarse con la familia, comprar y entretenerse. “Disney+ ha crecido en siete meses lo que Netflix le costó siete años”, ha comentado Erkhammar.

La digitalización es fundamental para la reconstrucción de la economía, gracias a sus efectos sobre la productividad, que en el caso de las pymes puede suponer un aumento de entre un 15% y un 25%, según Telefónica. Pero no basta con buenas intenciones. “Si queremos competir en la cuarta revolución industrial hay que actuar de inmediato sobre los actuales sistemas de regulación. Y no hablo solo de España, sino de Europa”, consideró Álvarez-Pallete.

La covid está siendo un papel tornasol: está dejando en evidencia de forma muy cruda tanto lo bueno como lo malo de la sociedad en la que vivimos. Si las deficiencias en la respuesta política —a todos los niveles— han sido y siguen siendo motivo de debate, la calidad de la respuesta cívica, no solo de los profesionales de la salud que han estado en primera línea, sino de prácticamente toda la sociedad, despierta una admiración unánime. “Hemos pasado momentos durísimos, pero los ciudadanos han dado un ejemplo muy bueno durante el confinamiento”, opinó Antonio Llardén, presidente de Enagás. “El país ha funcionado muy bien en condiciones muy duras”. “No hemos sido conscientes de lo que ha habido y no ha faltado: comida en las tiendas, gasóleo en las gasolineras”, recuerda Imaz. “La primera quincena de abril tuvimos un 85% de caída de las ventas, pero no cerramos ni una estación de servicio. Demos importancia a todo lo que ha funcionado en este país”.

Pero el esfuerzo de la sociedad civil, que ha servido para salir del paso, no basta para la recuperación total. “La normalidad económica depende de cuán rápido se pueda actuar con la pandemia”, explicó la economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart. “En este caso, estamos en manos de la ciencia”. “Tenemos que ser muy conscientes y poner todos nuestro granito de arena”, apuntó José Aljaro, consejero delegado de Abertis. “Tenemos que responder con responsabilidad y dinamismo”. “Creo que es una necesidad y una oportunidad para los líderes de negocios el repensar la forma de liderar, planificar y operar”, señaló Erkhammar. “Aun con una vacuna, deberemos aprender a vivir con sus consecuencias por muchos, muchos años”.

De izquierda a derecha, Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol; José Aljaro, consejero delegado de Abertis; Antonio Llardén, presidente de Enagás, y Miguel Jiménez, subdirector del área de Economía y Trabajo de EL PAÍS.De izquierda a derecha, Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol; José Aljaro, consejero delegado de Abertis; Antonio Llardén, presidente de Enagás, y Miguel Jiménez, subdirector del área de Economía y Trabajo de EL PAÍS. Andrea Comas

En julio, y tras largas y complicadas negociaciones, la Comisión Europea anunció una inyección extraordinaria de 750.000 millones de euros en la economía de la UE para ayudarle a salir del agujero. El uso de esos fondos requiere propuestas concretas —y de las líneas generales de esas propuestas se habló mucho en el foro. “Igual que en el pasado hubo fondos de cohesión, ahora hay una nueva oportunidad”, consideró Aljaro. “Necesitamos proyectos de cadena de valor, que generen inversión y empleo”, indicó Llardén. “Hace falta una apuesta clara por Europa desde todos los puntos de vista, que revierta la tendencia a la desindustrialización”, consideró Imaz.

Parálisis política

Fronteras seguras y abiertas a la vez

Uno de los factores que ha moldeado la respuesta española a la pandemia es la importancia del sector turístico, la primera industria española. La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, fue muy crítica durante su participación en el foro con la falta de una respuesta común europea, que ha confundido a los potenciales turistas y precipitado respuestas de los Estados. “Si la Comisión Europea no toma las riendas, los Estados vamos a disparar cada uno en cada dirección”, afirmó. “El problema no son las restricciones, sino la disparidad de restricciones”. Para la ministra, los países de la Unión, y en especial los del espacio Schengen, han de tener una respuesta común y que tenga en cuenta las diferentes incidencias del virus en distintas partes del territorio. “Una de las características de la covid es la incertidumbre y no podemos darle certezas a nadie”, afirmó. “Pero hay que limitar al máximo la arbitrariedad. La Comisión está diciendo que busquemos las medidas menos lesivas. Nuestra primera responsabilidad es proteger a los ciudadanos, pero hay que ajustar la respuesta, no matar las moscas a cañonazos”.

Una de las trabas para la puesta en marcha de esta apuesta económica es la parálisis política en un país que está a punto de prorrogar unos presupuestos de hace tres años por la falta de consenso parlamentario. “Hace falta un acuerdo político básico para una crisis que, más que sanitaria o económica, es una crisis social”, consideró Llardén. “Las empresas tenemos una gran responsabilidad”, apuntó Aljaro. “Tenemos que ayudar al Gobierno, una gestionando los recursos que tenemos, y otras dando ideas y argumentos que sean buenos para el país. Pero el Gobierno tiene la responsabilidad de aceptar algunos de estos proyectos aunque les cueste políticamente”.

Hay una cosa clara: hace falta un gran acuerdo nacional. “Hace falta un gran proyecto de país: necesitamos un proyecto por la modernización de España para esta generación”, considera Imaz. “Apostar por la industria, la ciencia, la ecología y la formación, sobre todo, para dar una oportunidad para esta generación, porque tenemos el riesgo de que se nos vaya”. “Tenemos que ser muy conscientes y poner todos nuestro granito de arena, tenemos que responder con responsabilidad y dinamismo”, considera Aljaro. “Tenemos que actuar y ser flexibles. Nos adaptamos a todas las circunstancias, incluidas las peores”. “Tenemos una oportunidad de oro”, consideró Álvarez-Pallete. “A diferencia de otras crisis, no hay estigma ni riesgo moral: esto no es culpa de nadie y responsabilidad de todos. Es una oportunidad que tenemos la obligación de aprovechar”.

Las duras secuelas de la covid

No solo los muertos son la tragedia de la pandemia de la covid-19. Millones de personas que han pasado la enfermedad ya arrastran secuelas físicas cuya duración e importancia son desconocidas. Aún más gente ha sufrido consecuencias en su salud mental. Todas ellas, probablemente, deberán sufrir un efecto a largo plazo en su calidad de vida —y, en consecuencia, en su productividad. Y, por si fuera poco, el frenazo económico causado para contener el virus ha afectado al modo de vida de miles de millones de personas. La consecuencia, según el Banco Mundial, es que por primera vez en más de 20 años, el número de pobres en el planeta va a crecer: 100 millones más “en una estimación conservadora”, según afirmó la economista jefe de la institución, Carmen Reinhart, en una conversación con la periodista Montserrat Domínguez durante el Foro Tendencias 2021, organizado por Kreab Worldwide y EL PAÍS y patrocinado por Telefónica y Abertis.

“He estado haciendo mucho hincapié en que lo que hace esta crisis aún más perversa es el efecto regresivo, que amplía la desigualdad entre países y dentro de los países”, explicó Reinhart. “Le pega más duro a los más pobres, y cuando uno hace una comparación internacional le pega duro a los países más pobres. El informe de hace dos años ya apuntaba la preocupación porque la pobreza, tras disminuir a un paso muy acelerado entre 2000 y 2015, estaba cayendo más despacio. Hemos vuelto hacia atrás. El resultado es que muchos de los países más pobres, que ya se encontraban en una crisis de deuda, o a punto de entrar, se encuentran de pronto en una situación grave”.

No todos igual

Y aun entre los más pobres, no todo el mundo sufre de la misma manera, ni siquiera en países desarrollados como España. “Los perdedores de esta situación son los jóvenes y las mujeres”, apuntó la vicepresidenta del Gobierno para Asuntos Económicos y Economía Digital, Nadia Calviño. “Las mujeres están sobrerrepresentadas en los sectores más afectados y que, además, son las que fundamentalmente se ocupan de los cuidados. Y no podemos, ni como país, ni como Gobierno, llevar a cabo una recuperación que no lo tenga en cuenta”.

En la cabeza de todos está la crisis de 2008-2009 y la Gran Recesión que le siguió. “Yo diría que una de las lecciones es global”, considera Reinhart. “La fragilidad del sistema financiero. Hubo demasiada demora en responder a la contracción del crédito. De esta vez, hay que hacer quita con las deudas con mucha más rapidez de lo que se ha hecho en crisis anteriores. Eso no solo alivia a los hogares y empresas, sino que también se limpian las cuentas del sector financiero y se abre la puerta a nuevos créditos que estimulan nuevos negocios”.

Sobre todo, porque de esta vez uno de los motores de la recuperación tras la Gran Recesión, el comercio internacional, no vive sus mejores horas por razones políticas. “La globalización llegó a su máximo antes de la crisis de 2008-2009, que llevó una disminución en el crecimiento”, apunta Reinhart. “Luego el Brexit, luego la guerra arancelaria entre Donald Trump y China, y ahora la covid. Todo esto muestra una desglobalización relativa a donde estábamos antes del principio de la Gran Recesión. Ahora, mi esperanza es que no va a seguir los pasos de los años treinta, en los que se entraron en guerras comerciales”.

Sin embargo, para la economista jefe del Banco Mundial hay esperanza, sobre todo en las organizaciones multilaterales. “El Banco Mundial ha dado créditos a una escala nunca vista. El BID y el Banco Africano de Desarrollo han tenido una reacción muy rápida, tanto en el volumen de los préstamos como al número de países a los que han ido destinados. Eso ha ayudado un poco hasta ahora a que no haya una reacción por parte de los países a cerrarse más”.

Para la vicepresidenta Calviño, también hay señales para el optimismo en España. “Si algo caracteriza a la sociedad española es su flexibilidad y la capacidad de adaptación”, comentó. “La pandemia no ha anulado nuestros activos, no ha destruido nuestras infraestructuras, solo ha acelerado esas prioridades que ya teníamos marcadas hacia ese proceso de transformación imprescindible, y ha hecho más ciertas que nunca las palabras del filósofo José Ortega y Gasset: “solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se mira lejos”.

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