En esta historia todo es real, salvo el género

El pasado febrero Iván Escamilla fue asesinado en Ciudad de México por su pareja Érica Francisca, cuando esta perdió la cordura después de que Escamilla presuntamente le quiso “hablar” del problema de abuso de sustancias nocivas que ella presentaba desde hacía años. La pareja compartía una vivienda y llevaba cinco años de relación y no se conoce ningún altercado anterior al que llevó a la muerte de Iván. Sin embargo, la expareja de la acusada habría mencionado en el pasado que la mujer era peligrosa y “estaba loca”, se desconoce el motivo hasta el momento.

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Según el informe policial, a la asesina se la encontró arrodillada frente al cuerpo mutilado y desollado de su víctima cuando llegaron a la escena. Habría apuñalado a Escamilla repetidas veces en el cuello y tórax hasta que falleció, y posteriormente intentó deshacerse de los restos despedazando el cuerpo, extirpando varios órganos internos y trozos de piel con un cuchillo de cocina, los cuales intentó desechar por el retrete y después por una alcantarilla cercana. Alegó más adelante que estaba “asustada y arrepentida” y que “el diablo se había apoderado de ella”.

Los investigadores del crimen difundieron las imágenes de los restos y varios periódicos las publicaron en portada, creando una respuesta social que las utilizó para burlar y culpabilizar a la víctima por “querer controlar a la mujer”. La acusada se encuentra actualmente en vigilancia preventiva.

Este es solo uno entre miles de asesinatos contra hombres que ocurren en todo el mundo, un tipo de crimen que se ha visto incrementado en un 137% en los últimos cinco años en México. Y sin embargo, la falta de seguimiento en los medios brilla por su ausencia. Los casos de violencia de este tipo se están normalizando por su tasa de repetición. Se calcula que en el Estado de México solamente desde los 90 hasta hoy se habrán dado cerca de 50.000 asesinatos de odio contra hombres, pero se considera que la mayoría no se reportan o no llegan a los medios.

Los crímenes de odio con violencia nos pueden tocar más de cerca. El caso más reciente se da hace unos días con el juicio contra la asesina de Neyo, un niño de Huesca con aparentes problemas de concentración al que le costaba hacer los deberes de la escuela. Supuestamente es la razón por la que la agresora le pegó una paliza que, según los otros dos sobrinos víctimas también de torturas y humillaciones, duró doce horas. El niño de ocho años y sus primos estaban pasando el verano en casa de su abuela política, donde residía la acusada. Esta les filmaba durante las torturas físicas y psicológicas que posteriormente se compartían en redes sociales. La muerte de Neyo fue comunicada a los servicios de emergencia por la misma acusada alegando un accidente. En el informe policial, la asesina alega que “estaba muy estresada por el trabajo”.

En España, solo en 2020 ya han muerto 33 hombres víctimas de crímenes de odio y 1.066 desde 2003 cuando se empezó a contar. Partidos como VOX han salido a la calle junto a varias asociaciones de hombres a protestar la falta de atención por parte del gobierno y los medios, y se busca categorizar la situación como “prioridad máxima”. Los partidos de tendencias feministas se oponen a esta serie de actividades alegando que lo que se busca es victimizar al hombre de forma gratuita “[y] criminalizar a la mitad de la población por su sexo” cuando las estadísticas demuestran que la violencia contra los hombres es mínima y “no se merece” que los partidos se involucren “para ganar votos”. El gobierno ha declarado que se trata de una “tragedia aislada” y se ha guardado un minuto de silencio en el parlamento, pero no se espera más acción por parte de las autoridades.

Berta Briones es investigadora y activista en cuestiones de género.

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