Guardiola supera su cota de experimentación

Pep Guardiola superó su cota de experimentación. El laboratorio fue el partido que midió al Manchester City con el Arsenal, este sábado en el Etihad. El resultado fue una victoria mínima (1-0) Un zarpazo de Agüero que Sterling transformó en gol frente a una defensa que no sabía si quedarse o salir. El Arsenal de Arteta sigue siendo un equipo en vías de definición. Su líder, Granit Xhaka, en cambio, está definido por la imprevisibilidad. Con estos mimbres, sin embargo, le bastó al Arsenal para generar ocasiones clamorosas y empantanar el partido hasta convertirlo en un dolor de cabeza para los espectadores sin filiación a un escudo.

La deriva creativa de Guardiola ha producido resultados maravillosos en la última década. En esta ocasión los efectos sorprenden más que fascinan. Contra el Arsenal, en el matraz del campo el técnico mezcló ingredientes que nadie habría imaginado que podrían amalgamarse. Sobre el patrón de salida de balón de un doble pivote colocó a Rodri con Bernardo Silva; el central derecho fue Walker, de natural lateral; y el lateral izquierdo fue Aké, otro central. Compuesto el 4-4-2, que es una base rígida, poco favorable a elaborar y llevar la iniciativa, el técnico ideó un mecanismo de flexibilización. Primero, metiendo a Joao Cancelo, lateral derecho, en el mediocampo, para darle un escalón más al avance de la jugada. Después, centrando a Sterling y mandando al Kun Agüero a volantear, mientras Foden y Mahrez permanecían abiertos como extremos.

Reemplazado de su manual el 4-3-3 por el 4-4-2, ahora Guardiola procura compensar la desaparición del tercer volante con la introducción de un lateral y dos delanteros en el meollo del mediocampo. A riesgo de overbooking. Contra el Arsenal, de entrada, la maquinaria dio la impresión de arrancar cuando Agüero exhibió su sentido asociativo cerca del círculo central y acabó lanzando la jugada que remató Sterling. Pero poco a poco algo comenzó a fallar. El City perdió el control del balón y, sin reacción mental ni física para mantener las líneas arriba, se hundió. Los últimos minutos de la segunda parte descubrieron al excitado Xhaka dando pases con soltura mientras Saka y Aubameyang se ponían mano a mano con Ederson combinando en su área. El portero brasileño desbarató las dos ocasiones. Pero los síntomas de desplome fueron evidentes.

Más que iluminar soluciones, el partido descubrió unos cuantos enigmas. El primer misterio es la prolongada suplencia en la que Guardiola ha instalado a Bernardo Silva. No se entiende que el portugués, el mejor con diferencia ante el Arsenal, multiplicándose para hacer un trabajo que le aleja mucho de su función original, haya permanecido marginado durante tantos meses en el último año. El segundo misterio solo lo puede revelar Guardiola. Solo el hombre que descubrió que Alaba y Lahm podían revelarse como maestros del mediocampo, sabe cómo imaginó que Cancelo, un jugador permanentemente perplejo, podría ser capaz de adquirir la clarividencia que exige el juego interior. El tercer enigma, de la misma índole que el segundo, implica al Kun y a Sterling. No resulta nada claro mediante qué proceso esotérico un delantero perezoso y un extremo de desborde alcanzarían la regularidad necesaria para jugar en el medio de la cancha.

El City no tardó en evidenciar un problema de ritmo. Entre la perplejidad de Cancelo y la intermitencia de Agüero y Sterling, le dieron el mando a Xhaka y el Arsenal comenzó a crecerse. Por ahí comenzó a quedarse solo Rodri y a correr sin poder llegar nunca Bernardo Silva. Acabado el primer tiempo, Guardiola rearmó al equipo quitando a Agüero para meter a Gündogan. El alemán se situó junto a Rodri liberando a Bernardo y el equipo recuperó cierto orden. Pero no fue suficiente, tal vez porque los extremos permanecieron demasiado estáticos.

Imposible avanzar lo que depara el futuro a este City. El pasado recuerda que de aquel equipo que atacaba como mil rayos generando una ocasión cada dos minutos queda poco. El presente habla de un conjunto que juega en busca de nuevas formas para nuevos caminos. Este sábado, en plena fiebre experimental, Guardiola dio un giro más raro a su doble pivote. Por el camino derrotó 1-0 al Arsenal, que no parece saber muy bien a qué juega.

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