A Sacyr se le atraganta el Canal de Panamá

Un portacontenedores atraviesa el Canal de Panamá.Un portacontenedores atraviesa el Canal de Panamá.Nicolo Filippo Rosso/Bloomberg / Bloomberg

Un pequeño terremoto sacudió a Sacyr el 25 de septiembre, el día en que la Corte Internacional de Miami (ICC) hizo público un laudo por las reclamaciones de sobrecostes en los que incurrió la compañía durante las obras de la ampliación del Canal de Panamá. Fue un bofetón con nombre de piedra: el basalto. La empresa y sus socios (agrupados en el consorcio Gupc) llevaban una década en disputa porque las propiedades del basalto de la obra, fuente principal con la que se tenía que elaborar el concreto (mezcla de cemento, arena y grava) para la construcción del tercer juego de esclusas del canal, no daba el nivel de calidad necesario debido a los supuestos malos datos suministrados por su cliente, la Autoridad del Canal de Panamá.

Un laudo anterior del Dispute Arbitration Board le daba la razón al consorcio en el que Sacyr participó con el 41% del peso (recibieron 265 millones de dólares de indemnización), pero el pasado día 25 la bola cayó del otro lado y Gupc se verá obligada a devolver 240 millones. Aunque la suma de los dos laudos sea positiva para Sacyr, sienta un precedente —y así lo ha leído el mercado — que podría afectar al resto de reclamaciones que la compañía espera ver cumplidas: una por sobrecostes laborales a raíz de un cambio de legislación y otra como consecuencia de que se viesen obligados a paralizar las obras.

El castigo en Bolsa ha sido importante: la capitalización ha caído desde ese día en 250 millones de euros. Pero los expertos no parecen compartir el sentimiento del parqué: de los 12 analistas que siguen el valor, nueve recomiendan comprar y otros dos, mantener los títulos. “Aunque es verdad que ahora es mucho menos probable recibir ingresos por el resto de reclamaciones, creemos que tampoco habría que descartar cobros por los más de 4.000 millones de dólares que todavía quedan por dirimir —y cuya resolución se podría extender hasta 2025 —”, señala en un informe el Banco Sabadell, que cambió su consejo de vender a comprar.

El impacto del laudo, según los analistas de Bankinter, supuso “cerca de un 10% del total de la capitalización bursátil”, pero el castigo ha sido muy superior pese a que, a medio plazo, la visión de los analistas no cambie: “El impacto de la sentencia se puede considerar puntual”.

En los últimos tiempos Sacyr también ha sido protagonista de otras noticias ajenas a su negocio, como las escuchas de Villarejo encargadas por el BBVA para frenar la toma de control del banco por parte de la constructora hace 15 años. Pero fuera de las portadas, su actividad ha vivido una transformación importante. Con más de 43.000 empleados en el mundo (más de 29.000 en Europa), ha dado pasos para convertirse en una empresa concesional apoyada en dos brazos: una constructora y otra firma de servicios. El 77% del beneficio de explotación actual, de 348 millones, proviene de las concesiones. Con una facturación hasta junio de 2.079 millones de euros (4.170 millones en todo 2019), su cartera de proyectos en estos momentos no deja de crecer y roza los 40.000 millones, de los que 27.600 están en las concesiones. Unos contratos, dicen en la compañía, que cuentan con fórmulas para mitigar los riesgos de caída de tráfico o demanda en un 90% de los casos y que les dan estabilidad en un momento turbulento para las empresas de todo el mundo.

Desde 2014, la compañía que preside Manuel Manrique ha mejorado su rentabilidad (del 8,7% de 2014 al 16,7% en este primer semestre), es más internacional y ha visto dispararse su resultado de explotación. También ha mejorado la calidad de su deuda (reduciendo la deuda con recurso hasta los 840 millones y vinculando el resto a los proyectos concesionales) e invierte entre 150 y 200 millones en nuevos negocios concesionales cada año. La pregunta es si el virus podrá afectarles, dado que han basculado hacia un modelo dependiente de la contratación pública con una buena parte de su negocio en Latinoamérica y los presupuestos de los Gobiernos —en especial en ese continente — se han visto fuertemente presionados por la covid. “No es previsible que ningún contrato firmado se renegocie o cancele, más bien al contrario, en todos los países hay anuncios de planes de reactivación con mayor o menor recurso a la fórmula de concesiones”, señalan fuentes de la compañía.

Tampoco piensan que la situación impacte en su rama constructora. En parte porque el 50% de los trabajos que realiza son para las infraestructuras que luego operará la propia Sacyr como concesionaria, ya sean hospitales, carreteras, puentes o cualquier otro activo. A final de este año, además, la compañía añadirá a su actividad la autopista italiana A3 que une las localidades de Nápoles, Pompeya y Salerno con un tráfico diario de unos 170.000 vehículos. La adjudicación, que se produjo a finales del año pasado, lleva aparejado un contrato de mejora y explotación que requiere de 390 millones en obras y supondrá unos ingresos a largo plazo de 2.700 millones de euros para el consorcio donde Sacyr participa con el 49%.

La rama de servicios sí se ha visto más afectada por la situación y, en concreto, su empresa de restauración que atiende a hospitales o edificios públicos, pero apenas supone un 1% de la facturación de la compañía.

Lo comido por lo servido

Otra piedra en la mochila ha sido el deterioro de su 8% en Repsol, una participación que le obligó a anotarse pérdidas en 2019 por casi 300 millones. Hasta junio de este año, el grupo tuvo unos beneficios de 70 millones y la contribución de Repsol restó 18. La empresa dice que tiene “completamente cubierto” el riesgo de bajadas del precio de la acción de la petrolera, pero a cambio ha de dedicar los dividendos que cobra de la compañía a cubrirse las espaldas.

Con tipos bajo mínimos y una estructura como la actual, las expectativas deberían ser prometedoras: “Olvidemos Panamá”, insiste el análisis del Sabadell. Pese al éxito de la obra en sí, Sacyr ha pagado caro el coste de reputación de todo lo que ha rodeado al proyecto del canal. Quizá no haya otro desafío tan grande como el de construir la ampliación de una de las mayores joyas de ingeniería del mundo, pero con autopistas, hospitales o trenes en concesión en mercados diversos, Sacyr debería respirar tranquila.

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