El FMI y el Banco de España alertan de problemas en la banca por la deuda empresarial

Una
gran
perturbación
económica
sin
su
correspondiente
crisis
financiera
es
como
un
Hamlet
sin
calavera.
La
pasada
primavera
la
civilización
parecía
haber
llegado,
una
vez
más,
a
su
fin:
la
pandemia
doblegó
los
sistemas
sanitarios,
forzó
un
confinamiento
digno
de
hace
seis
o
siete
siglos
y
dio
paso
a
una
crisis
económica
que
ha
dejado
a
los
grandes
países
con
un
ojo
morado,
y
a
España
con
ojo
y
medio
a
la
virulé.
Si
no
ha
ido
más
lejos
es
porque
bancos
centrales
y
Gobiernos
han
proporcionado
ayudas
de
todo
tipo.
Hace
10
años
fue
la
banca
la
que
metió
al
mundo
—y
a
España
en
particular—
en
una
pesadilla;
esta
vez
el
sector
bancario
no
es
el
problema,
aunque
puede
llegar
a
serlo:
las
pistolas
humeantes
de
la
crisis
financiera
son
uno
de
los
grandes
riesgos.
“Vienen
tiempos
duros”,
resumía
hace
unos
días
con
desarmante
sinceridad
el
primer
ejecutivo
de
La
Caixa,
Gonzalo
Gortázar.

¿Cómo
están
los
bancos?
Bien,
pero
no
tan
bien.

Y
van
a
estar
peor,
según
el
Banco
de
España
,
el
FMI
y
casi
cualquier
casa
de
análisis
que
haya
caído
en
la
cuenta
de
que
el
sistema
financiero
es
como
uno
de
aquellos
aviones
de
principios
del
siglo
pasado:
propenso
a
estrellarse.
La
media
docena
de
expertos
consultados
para
esta
crónica
bancaria
no
esconde
sus
temores
al
respecto.
Y
una
de
las
voces
más
explícitas
es
precisamente
la
del
responsable
de
todo
el
tinglado,
el
gobernador
Pablo
Hernández
de
Cos.
“Hay
que
evitar
a
toda
costa
que
la
crisis
sanitaria
que
se
transformó
en
crisis
económica
acabe
generando
una
crisis
financiera”,
advertía
en
un
discurso
reciente.
Esa
mutación
en
crisis
financiera
dejaría
muchas
más
cicatrices
en
términos
de
paro,
de
caída
del
PIB,
de
desigualdad
y
demás
indicadores
económicos.

El
Banco
de
España
estima
que

más
de
la
mitad
de
las
empresas
españolas
acabarán
en
pérdidas

el
aciago
2020.
El
impacto
en
la
renta
de
los
hogares
ha
sido
demoledor.
La
incertidumbre
radical
se
destila
en
un
solo
dato:
el
ahorro
de
las
familias
está
en
máximos,
alrededor
del
30%
de
la
renta
disponible,
por
lo
que
los
economistas
llaman
“motivo
precaución”:
por
puro
y
simple
miedo
a
lo
que
pueda
suceder.
Ese
aire
de
plaga
de
úlceras
ya
se
ha
dejado
notar
en
la
cuenta
de
resultados
del
sector,
que
pierde
7.500
millones
en
lo
que
va
de
año.
Y
lo
peor
está
por
venir:
el
deterioro
económico
se
ha
trasladado
moderadamente,
de
momento,
a
los
créditos
dudosos,
pero
el
supervisor
estima
un
fuerte
repunte
de
la
morosidad
a
partir
de
2021,
“incluso
en
el
escenario
más
benigno”,
una
vacuna
que
funcione.

El
FMI
tiene
una
opinión
similar.
El
Fondo
Monetario
advierte
“del
peligro
de
que
la
recesión
se
metamorfosee
en
estrés
financiero,
con
costes
económicos
y
sociales
aún
mayores”.
Y
cierra
su
último
informe
sobre
España
con
una
conclusión
oscura:
“Algunos
bancos
podrían
tener
problemas
de
solvencia
si
la
crisis
se
profundiza”.

Ese
es
el
gran
riesgo:
problemas
puntuales
de
solvencia
que
dirijan
hacia
España
la
atención
de
los
mercados
e
impongan

una
narrativa
al
estilo
de

El
traje
nuevo
del
emperador
.
La
banca
se
atragantó
con
la
burbuja
inmobiliaria
la
pasada
crisis:
desde
entonces
ha
cuidado
sus
colchones
de
capital,
ha
emprendido
fusiones
defensivas
y
planes
de
reducción
de
costes
(con
el
despido
de
unos
20.000
empleados
en
plena
crisis)
y
ha
mejorado,
en
fin,
su
capacidad
para
absorber
pérdidas.
El
presidente
de
la
patronal
AEB,
José
María
Roldán,
destaca
“la
enorme
velocidad
de
reacción
de
las
entidades
a
los
acontecimientos,
con
provisiones,
planes
de
reestructuración
y
hasta
tres
fusiones
en
marcha”.
A
ese
traje,
sin
embargo,
se
le
ven
algunas
costuras.
Una:
la
banca
española
sale
mal
parada
en
las
comparaciones
de
capital
de
máxima
calidad
con
el
resto
de
la
eurozona.
Dos:
en
los
escenarios
más
negativos
de
los
test
de
estrés
del
BCE
pueden
faltar
seis
puntos
de
capital,
y
no
es
nada
fácil
conseguir
ese
dinero
ahora.
Tres:
el
sector
tiene
un
problema
endémico
de
rentabilidad,
por
los
tipos
de
interés
bajo
mínimos
y
el
exceso
de
capacidad.
Y
cuatro:
el
músculo
fiscal
de
España
es
escaso,
y
si
viene
un
lío
el
Gobierno
tiene
menos
margen
que
otras
capitales
para
gastar.

“No
me
sorprendería
una
crisis
financiera
derivada
de
la
morosidad
empresarial,
más
aún
cuando
el
sector
ha
reducido
sus
provisiones
recientemente
después
de
haberlas
reforzado
a
principios
de
año”,
resume
el
profesor
Antonio
Torrero.
Xavier
Vives,
del
IESE,
sostiene
que
los
bancos
“van
a
sufrir
en
función
de
lo
que
se
alargue
la
crisis,
y
la
cosa
no
pinta
bien”.
El
nivel
de
morosos
va
a
ir
hacia
arriba
:
el
Ejecutivo
ha
alargado
los
plazos
de
devolución
de
las
líneas
del
ICO,
pero
ahí
hay
un
problema
latente,
de
empresas
zombi
que
van
a
cerrar
cuando
esas
ayudas
expiren.
Lo
bueno
es
que
los
bancos
han
mejorado
sus
defensas.
Lo
malo
es
que
cuando
se
retiren
las
ayudas
alguna
entidad
financiera
puede
salir
muy
mal
retratada”,
añade
Vives.
Vicente
Cuñat,
de
la
London
School
of
Economics,
apunta
que
en
realidad
“no
sabremos
cómo
están
los
bancos
hasta
que
esté
claro
qué
empresas
no
van
a
sobrevivir
sin
respiración
asistida”.
“Puede
haber
problemas
puntuales
de
solvencia
cuando
empiece
a
morir
tejido
empresarial
que
solo
se
mantiene
con
vida
con
las
muletas
públicas,
y
la
pasada
crisis
aprendimos
que

un
problema
en
una
entidad
puede
acabar
suponiendo
un
lío
en
todo
el
sector
”,
cierra
Joaquín
Maudos,
del
IVIE.

En
ese
caso,
Hernández
de
Cos
es
claro:
“Sería
necesario
adoptar
medidas
adicionales”.
Los
bancos
se
tragaron
más
de
65.000
millones
en
ayudas
públicas
la
pasada
crisis;
de
ese
dinero
el
Estado
da
por
perdidos
42.000
millones.
Otro
rescate,
aun
puntual,
provocaría
un
serio
problema
de
opinión
pública:
puede
que
sea
mejor
aprobar
más
ayudas
ahora
para
sostener
rentas,
empleos
y
empresas
que
tener
que
inyectar
dinero
público
en
alguna
entidad
si
vienen
mal
dadas.

“En
escenarios
adversos
habrá
que
hacer
más”

“El
Gobierno
ha
hecho
lo
que
debía
pero
tarde,
poco
y
mal”,
lamenta
el
economista
Juan
Ignacio
Crespo;
“tenemos
ya
encima
una
doble
recesión
y
es
preferible
gastar
más
para
sostener
a
empleos
y
empresas”.
El
Banco
de
España
ha
lanzado
nítidamente
ese
mensaje,
pero
tanto
Economía
como
Hacienda
se
decantan
por
una
visión
algo
más
ortodoxa.
“En
escenarios
más
adversos
habrá
que
hacer
más”,
dijo
Pablo
Hernández
de
Cos
hace
unos
días.
El
gobernador
cree
que
si
llegan
las
vacas
flacas
la
solución
solo
puede
ser
europea:
un
banco
malo
continental
y
un
fondo
de
garantía
de
depósitos
que
complete
la
unión
bancaria
europea.
El
problema
es
que
Berlín
se
niega
en
redondo
a
avanzar
en
esas
dos
direcciones
porque
teme
acabar
pagando
los
agujeros
bancarios
en
algún
país
del
Sur.
Las
dudas
de
los
mercados
van
más
allá
de
España:
Italia
tiene
graves
problemas
de
mora
empresarial
desde
hace
dos
décadas;
Portugal
ha
sido
el
país
menos
generoso
con
las
ayudas
y
sus
bancos
podrían
pasarlo
mal;
el
aumento
de
la
deuda
empresarial
en
Francia
es
vertiginoso,
y
Alemania,
a
pesar
de
que
ha
sido
más
generosa
que
ningún
otro
país
con
los
avales
e
incluso
con
inyecciones
de
dinero
público
en
sus
empresas,
“tiene
uno
de
los
peores
sistemas
bancarios
del
mundo,
pero
el
soberano
más
fuerte,
y
eso
es
un
escudo
para
la
crisis
más
feroz”,
según
fuentes
del
sector.

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