Carrasco: “Conservamos el contragolpe de otros años”

Pocos
conferenciantes
explicaron
mejor
que
Demetrio
Albertini
lo
que
significó
el

catenaccio
:
“Cuanto
menos
tienes
el
balón
y
más
te
repliegas
sobre
tu
portería,
más
fuerte
te
sientes”.
Aquel
espíritu
de
resistencia
febril
conque
los
italianos
exaltaban
su
idiosincrasia
nacional
balompédica
se
ha
extinguido
hasta
en
Italia.
Sería
un
modelo
de
juego
fósil
si
no
perviviera
en
el
Wanda
Metropolitano,
en
donde
goza
de
un
excelente
estado
de
salud.
Su
vigencia
es
mérito
del
trabajo
psicológico
de
Diego
Simeone,
capaz
de
convertir
a
extremos
como
el
belga
Yannick
Carrasco
en
una
especie
de
maratoniano
condenado
a
recorrer
los
50
metros
cuadrados
de
su
zona
con
la
disciplina
propia
de
un
mecánico
industrial.

“Cada
propuesta
que
hacemos
el
equipo
la
ejecuta”,
celebró
Simeone,
señalando
la
abnegada
defensa
de
cinco
que
formó
contra
el
Barça
gracias
a
la
introducción
de
un
carrilero
siniestro.
“En
Pamplona
también
jugamos
con
Vitolo
a
la
izquierda;
y
contra
el
Cádiz
el
que
jugó
por
ahí
fue
Saúl.
Hoy
le
tocó
a
Carrasco
jugar
en
esa
posición.
Así
nos
compensábamos
refugiándonos
cuando
no
teníamos
la
pelota,
y
cuando
la
tuvimos
jugamos
muy
bien.
El
gol
de
Carrasco
nos
generó
un
segundo
tiempo
con
más
tranquilidad
en
el
juego”.

Durante
46
minutos,
en
la
primera
parte
del
partido
este
sábado,
Carrasco
patrulló
las
lindes,
entre
la
zona
de
Joao
Felix,
la
zona
de
Hermoso
y
la
zona
de
Saúl,
entre
Sergi
Roberto
y
Dembélé,
yendo
y
viniendo
a
cubrir
rivales
y
ayudar
amigos
al
compás
de
la
situación
del
balón,
que
casi
siempre
estuvo
en
poder
de
los
demás.

Corría
el
minuto
46
cuando
Carrasco
molestó
a
Dembélé
cerca
del
lateral
de
su
área.
El
francés
midió
mal
el
pase
y
Joao
Felix
se
llevó
la
pelota.
Cuando
Piqué
hizo
la
presión
para
recuperarla,
el
rebote
le
quedó
a
Correa
que,
sin
pensárselo,
lanzó
en
largo
siguiendo
la
línea
de
la
banda
izquierda.
Como
si
pensara
que
por
esa
vía
correría
un
compañero.
Y
por
ahí
corrió
Carrasco.

Aprovechando
que
Piqué
y
Sergi
Roberto
habían
subido,
el
belga
encontró
campo
abierto.
Cuando
Ter
Stegen
acudió
al
despeje,
se
le
adelantó.
Justo
antes
de
que
el
portero
llegara
a
la
pelota,
Carrasco
le
dio
un
toquecito.
El
balón
pasó
entre
las
piernas
del
meta
y
el
atacante
reconvertido
en
defensa
descubrió
que
se
le
abría
el
cielo.
A
30
metros
de
la
portería,
armó
el
tiro
y
remató.
El
1-0
fue
el
tanto
definitivo.
El
último
de
la
noche.
Significó
la
primera
victoria
del
Atlético
—y
de
Simeone
como
entrenador—
contra
el
Barça
en
Liga
en
diez
años.

Preguntado
en
los
micrófonos
de
Movistar
por
la
tarea
que
desempeñó
en
la
zaga,
en
el
extremo
izquierdo
de
una
línea
de
cinco,
Carrasco
se
manifestó
lacónico.
“Es
verdad
que
es
un
puesto
un
poco
defensivo”,
dijo,
envuelto
en
una
chaqueta
de
plumas
bajo
la
noche
fría
de
San
Blas.
“Pero
estoy
acostumbrado
a
jugar
de
carrilero
en
la
selección.
No
es
nuevo
para
mí.
Este
Atlético
conserva
el
aspecto
defensivo
y
el
contragolpe
de
otros
años,
y
así
conseguimos
marcar
al
Barça”.

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