El deshielo por el calentamiento global desvela tesoros escondidos durante miles de años

Hace
10.000
años,
grupos
de
personas
ascendieron
por
las
montañas
de
los
Alpes
para
buscar
cristal
de
roca
con
el
que
fabricar
herramientas.
El
deshielo
de
los
glaciares
alpinos
provocado
por
el
cambio
climático
está
dejando
a
la
luz
objetos
que
arrojan
una
valiosa
información
sobre
los
hombres
y
mujeres
que
habitaron
la
zona
en
el
pasado.
El
principal,
según
Marcel
Cornelissen,
jefe
de
una
expedición
arqueológica
realizada
a
principios
de
septiembre
en
el
borde
del
glaciar
Brunnifirn
(cantón
de
Uri,
Suiza)
es
que,
contrariamente
a
lo
que
se
pensaba,
“las
personas
del
Mesolítico
no
tenían
miedo
a
las
montañas”.

Una
grieta
descubierta
por
el
deshielo
en
2013
en
la
montaña
suiza
de
Oberalpstock
ha
permitido
hallar
“cuchillas
o
puntas
de
flecha”
que
revelan
que
tanto
los
cazadores
y
recolectores
de
la
Edad
de
Piedra
Media
como
los
agricultores
y
pastores
del
Neolítico
utilizaron
el
cristal
de
roca
como
materia
prima
para
fabricar
sus
herramientas,
explica
Cornelissen
en
una
entrevista
con
EL
PAÍS.

Aunque
ningún
arqueólogo
celebra
el
deshielo
producido
por
el
aumento
de
temperaturas,
el
calentamiento
global
les
abre
una
puerta
para
conocer
mejor
la
Historia
a
través
de
utensilios
que
habían
estado
protegidos
durante
miles
de
años
por
el
hielo.
Sin
embargo,
el
tiempo
corre
en
su
contra,
porque
muchos
de
estos
tesoros,
“especialmente
los
fabricados
con
materiales
orgánicos
como
telas
o
cueros”,
podrían
desaparecer
al
estar
expuestos
a
la
intemperie,
sostiene
Cornelissen.

Y
las
posibilidades
de
extraerlos
son
muy
limitadas.
En
su
última
expedición,
a
principios
de
septiembre,
financiada
por

el
Departamento
de
Conservación
de
Monumentos
y
Arqueología
del
Cantón
de
Uri
,
el
equipo
de
Cornelissen
tuvo
que
esperar
a
que
el
tiempo
fuera
el
adecuado
y
lo
suficientemente
estable
como
para
contar
“con
un
helicóptero
que
pudiera
transportar
el
material
extraído”.
“La
preparación
es
dura
porque
no
solo
hay
que
estar
listo
para
salir
cuando
el
tiempo
lo
permita,
sino
que
hay
que
tener
un
equipo
muy
especializado
para
trabajar”,
en
este
caso,
a
una
altura
de
2.800
metros,
en
el
borde
del
glaciar
de
Brunnifirn,
que
desde
1.882
ha
perdido
una
longitud
de
1.153
metros,
según
GLAMOS,
una
red
integrada
por
varias
universidades
suizas
que
estudia
los
glaciares.

Cornelissen y un miembro de su equipo, el pasado septiembre durante la expedición.

Cornelissen
y
un
miembro
de
su
equipo,
el
pasado
septiembre
durante
la
expedición.



Valentin
Luthiger
(Unidad
de
Conservación
y
Arqueología
de
Monumentos
del
Cantón
de
Uri

Durante
los
tres
días
de
trabajo
que
duró
la
expedición,
el
equipo
suizo
extrajo
mil
kilos
de
arena
que
están
siendo
procesados
en
el
laboratorio
del

Instituto
de
Cultura
de
los
Alpes
.
Y
el
trabajo
será
arduo,
sostiene
Cornelissen:
“Trabajar
con
el
Mesolítico
es
complicado
porque
muchas
veces
encontramos
piezas
de
entre
uno
y
tres
centímetros”.

Los
descubrimientos
en
el
hielo

Los
hallazgos
protegidos
durante
milenios
por
el
hielo
han
permitido
reconstruir
pequeños
retazos
del
pasado
más
remoto.
Ötzi,
la
momia
prehistórica
encontrada
por
casualidad
en
los
Alpes
en
1991,
continúa
arrojando
nuevos
datos
sobre
la
forma
de
vida
de
aquel
hombre

asesinado
de
un
flechazo
por
la
espalda

hace
unos
5.300
años.

En
los
glaciares
noruegos,
en
el
paso
de
Lendbreen,
los
arqueólogos
acaban
de
descubrir
un
puerto
montañoso
que
creen
que
los
vikingos
utilizaban
como
ruta
comercial
por
los
objetos
encontrados,
como
trineos,
guantes
e
incluso
raquetas
para
la
nieve.
Y
bajo
los
hielos
de
la
provincia
de
Mongolia
de
Bayan-Ulgii,
los
investigadores
han
hallado
lanzas,
astas
y
tendones
de
animales
intactos
para
hacer
arcos
de
la
Edad
de
Bronce.

Además
de
objetos
de
hace
miles
de
años,
el
deshielo
de
los
glaciares
ha
dejado
al
descubierto
cuerpos
de
personas
atrapadas
durante
décadas
en
el
hielo.
En
2016,
un
empleado
de
los
teleféricos
del
monte
Cervino,
en
los
Alpes
suizos,
halló
en
el
glaciar
Tsanfleuron

los
cadáveres
congelados
del
matrimonio
formado
por
Marcelin
y
Francine
Dumoulin
,
desaparecidos
en
1942.

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