El Valladolid supera a un diezmado Granada y sale del descenso

Óscar Plano y sus compañeros celebran uno de los goles al Granada.

Óscar
Plano
y
sus
compañeros
celebran
uno
de
los
goles
al
Granada.
JORGE
GUERRERO
/
AFP

Tan
iguales,
tan
distintos.
El
Granada
y
el
Valladolid,
dos
de
esos
equipos
sobre
el
papel
llamados
a
pelear
la
salvación,
se
citaron
en
Los
Cármenes
con
vidas
opuestas.
Los
locales,
un
equipo
alegre
en
la
cresta
de
la
ola
de
una
permanencia
holgada
y
una
hasta
ahora
positiva
travesía
por
Europa.
Solo
el
coronavirus
y
sus
múltiples
contagios
en
la
plantilla
les
han
ralentizado
el
ritmo.
Los
pucelanos,
con
un
pésimo
inicio
de
Liga
solo
aliviado
por
el
triunfo
contra
el
Athletic
hace
dos
semanas,
bajo
una
consigna:
volver
a
la
senda
de
la
sobriedad,
sin
dislates
arriba
y
abajo,
para
seguir
cogiendo
aire.

Para
llevarse
la
victoria,
a
los
pucelanos
les
bastó
la
escasa
mordiente
granadina,
que
solo
inquietó
a
Masip
con
algún
balón
aéreo
que
volvió
a
sembrar
de
fantasmas
la
memoria
defensiva
visitante,
y
el
buen
hacer
ofensivo.
Sergio
repitió
el
once
que
venció
a
los
leones
y
Guardiola,
magnífico
con
sus
movimientos,
ofreció
a
Plano
un
regalo
en
el
minuto
tres.
El
zurdo
se
redimió
de
ese
pésimo
control
y
peor
remate
cuando
moría
el
primer
tiempo.
El
7
colgó
un
gran
balón
que
el
10
cabeceó
para
adelantar
al
Valladolid,
superior
en
los
primeros
45
minutos.

El
paso
por
vestuarios
elevó
la
presencia
en
las
áreas
y
los
de
morado
duplicaron
su
ventaja
merced
a
Marcos
André,
también
goleador
la
pasada
jornada.
El
brasileño,
que
tiene
por
presidente
al
ídolo
de
todo
delantero,
Ronaldo,
embocó,
con
la
ayuda
de
las
manos
de
mantequilla
de
Rui
Silva,
un
pase
profundo
servido
por
Plano
tras
servicio,
de
nuevo,
de
Guardiola.

El
Granada,
tieso,
notaba
la
anormalidad
de
varias
fechas
sin
entrenar
con
todos
sus
efectivos,
con
varios
confinados.
Y
acudió
al
rescate
el
balón
parado,
eterno
recurso
de
los
desvalidos.
Duarte,
solo,
marcó
tras
un
córner
mal
defendido
por
los
vallisoletanos,
que
han
recibido
goles
en
todas
sus
citas.
Opuesto
devenir
que
hace
unas
semanas
en
Huesca,
donde
los
oscenses
igualaron
un
0-2,
pero
con
distinto
mensaje
desde
el
banquillo:
presionar
y
llevar
algo
de
peligro
en
vez
de
echarse
atrás
y
rezar
todo
lo
rezable.
Surtió
efecto.
Jota,
un
talentoso
internacional
sub-21
portugués
que
no
se
había
estrenado
en
el
torneo,
salió,
robó,
encaró
y
anotó
como
si
llevara
toda
la
vida
dándole
puntos
al
Valladolid,
que
sale
del
descenso
y,
por
fin,
respira
a
costa
de
un
Granada
víctima
colateral
de
los
estragos
de
la
pandemia
en
este
nuevo
fútbol.

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