Menos bancos, más problemas para el cliente

Oficina del BBVA en el centro de Sevilla.

Oficina
del
BBVA
en
el
centro
de
Sevilla.
PACO
PUENTES
/
EL
PAÍS

A
principios
de
año,
Javier
Peña
recibió
una
carta
de
Bankia.

Le
informaban
de
que
su
oficina
del
barrio
madrileño
de
Vicálvaro
estaba
a
punto
de
cerrar,

y
que
a
partir
de
ese
momento
le
correspondía
otra.
Pero
él
tiene
dos
cuentas:
la
personal
y
la
de
la
pequeña
empresa
que
dirige,
y
cada
una
pasaba
a
una
sucursal
distinta,
a
unos
cuantos
kilómetros
la
una
de
la
otra.
En
el
fondo,
la
noticia
tampoco
le
importó
demasiado.
A
sus
53
años,
es
usuario
habitual
de
la
banca
electrónica
y
muy
raramente
hace
sus
gestiones
de
forma
presencial.
Pero
lo
que
para
él
supone
tan
solo
una
molestia
es
un
grave
problema
para
su
madre,
de
88
años.
Ella
no
se
maneja
con
el
móvil
y
todos
los
meses
se
acerca
al
banco
a
cobrar
la
pensión.
Su
nueva
oficina
le
obliga
a
andar
casi
una
hora,
con
el
riesgo
añadido
de
que
le
roben
cuando
vuelve
con
el
dinero
con
el
que
tiene
que
vivir
todo
el
mes.
“Hablé
con
un
empleado
del
banco
para
ver
si
podían
adjudicar
a
mi
madre
una
oficina
más
cercana.
Me
dijo
que
lo
miraría.
Han
pasado
diez
días
y
nadie
me
ha
respondido”,
protesta.

El
caso
de
Peña
es
solo
una
gota
en
el
océano.

En
los
últimos
12
años,
las
entidades
financieras
han
cerrado
la
mitad
de
sus
oficinas.

Las
sucesivas
oleadas
de
fusiones,
además,
dejan
el
sector
con
un
número
cada
vez
más
reducido
de
actores,
con
mayor
poder
para
imponer
sus
condiciones
a
los
usuarios.

Si
se
confirman
los
procesos
en
marcha,
los
tres
gigantes

(CaixaBank/Bankia,
BBVA/Sabadell
y
Santander)
pasarían
a
controlar
en
torno
al
70%
del
crédito,
de
los
depósitos
y
del
volumen
de
negocio
de
todo
el
mercado
bancario
en
España.
El
salto
sería
impresionante,
ya
que
esas
tres
entidades
(sin
los
añadidos
de
Bankia
y
Sabadell
)
dominan
ahora
en
torno
al
50%
en
esas
tres
magnitudes.

El
sector
financiero
español,
que
ya
arrastra
una
mayor
concentración
que
los
otros
tres
grandes
de
la
zona
euro
—Alemania,
Italia
y
Francia—
daría
un
paso
más
en
un
proceso
en
el
que
algunos
analistas
empiezan
a
alertar
sobre
serios
riesgos
para
la
competencia.

La
tendencia
es
muy
clara.
Pero
el
color
del
cristal
con
el
que
se
mira
varía
en
función
de
quién
ponga
la
lupa.
Los
consumidores
denuncian
lo
que
consideran
un
preocupante
paso
atrás
que
limita
el
libre
mercado.
“La
reducción
de
la
competencia
hará
que
la
oferta
sea
más
limitada
y
probablemente
más
cara.Aunque
también
van
a
entrar
nuevos
actores,
como
los
gigantes
digitales,
que
van
a
modificar
profundamente
el
mercado.
Además,
el
cierre
de
oficinas,
que
era
un
motivo
de
preocupación
en
la
España
vaciada,
se
está
notando
ya
en
las
grandes
ciudades.
Y
las
fusiones
van
a
acelerar
este
proceso”,
explica
Patricia
Suárez,
presidenta
de
la
asociación
de
usuarios
Asufin.

El
Banco
de
España
resta
importancia
a
todas
estas
alarmas.
Preocupado
por
un
panorama
de
rentabilidad
a
la
baja,
acrecentado
por
el
aumento
de
la
morosidad
que
se
aproxima
fruto
de
la
crisis
del
coronavirus,

la
subgobernadora,
Margarita
Delgado,
aseguró
esta
semana
que
aún
ve
“cierto
margen”
para
nuevas
uniones
sin
que
la
competencia
salga
perjudicada.

“La
baja
rentabilidad
del
sector
y
la
dificultad
de
lograr
mejoras
vía
aumento
de
precios
y
comisiones
son
indicativos
de
una
elevada
competencia”,
añadió
la

número


dos

del
organismo.
Pero
es
la
Comisión
Nacional
del
Mercado
y
la
Competencia
(CNMC)
la
que
debe
dictaminar
si
las
nuevas
uniones
bancarias
van
a
socavar
la
competencia.
Fuentes
del
organismo
responden
que
asisten
a
los
procesos
de
fusión
“expectantes”,
pero
que
aún
no
han
podido
analizarlos
a
fondo
ya
que
ni
siquiera
han
recibido
las
comunicaciones.

Joaquín
Maudos,
catedrático
en
la
Universidad
de
Valencia
y
uno
de
los
mayores
expertos
en
el
tema,
reconoce
que
si
salen
adelante
las
uniones
de
CaixaBank
con
Bankia
y
del
BBVA
con
Sabadell,
casi
tres
cuartas
partes
del
negocio
estará
en
manos
de
solo
tres
bancos.
“Es
una
concentración
elevada
y
con
un
crecimiento
intenso
en
muy
poco
tiempo.
Es
normal
que
haya
preocupación
sobre
los
efectos
sobre
la
competencia.
No
me
preocupa
ese
nivel
de
concentración
a
escala
nacional,
pero

en
mercados
geográficos
concretos
donde
los
índices
de
concentración
pueden
sobrepasar
niveles
que
se
consideran
excesivos”,
asegura.

Fernando
Rojas,
consultor
de
banca
de
Afi,
no
cree
que
se
pueda
hablar
aún
de
oligopolio:
“A
priori
no.
Pero
se
está
acercando.
Si
se
produjera
otra
fusión
importante
ya
nos
acercaríamos
demasiado”.
Este
analista
insiste
en
tres
factores
clave
que
diferencian
esta
oleada
de
fusiones
de
la
que
se
produjo
durante
la
crisis
de
la
década
pasada.
En
primer
lugar,
la
irrupción
en
el
sector
de
nuevos
jugadores,
gigantes
como
Amazon
y
Apple
que
impulsarán
la
competencia.
“Actuarán
como
un
contrapeso.
Y
además
lo
harán
sin
oficinas,
así
que
esta
variable
será
cada
vez
menos
relevante”,
explica
Rojas.
En
segundo
lugar,
los
avances
en
la
unión
bancaria.
“Tenemos
que
cambiar
el
chip.
Dejar
de
pensar
solo
en
el
mercado
español
y
hacerlo
en
la
zona
euro”,
concluye
el
analista.
Y
en
tercero,
el
medio
centenar
de
pequeñas
cooperativas
de
crédito
que
compiten
en
los
mercados
regionales.

El
cambio
es
espectacular.
Las
55
bancos
y
cajas
de
ahorros
que
formaban
el
sistema
financiero
español
en
2009
pasarán
a
ser
una
decena
si
los
procesos
en
marcha
se
completan.
La
crisis
del
coronavirus
se
añadió
este
año
a
los
efectos
de
los
bajos
tipos
de
interés,
que
han
reducido
la
rentabilidad
del
sector
al
máximo.
En
este
contexto,
la
subida
de
las
comisiones
que
paga
el
cliente
son
difíciles
de
evitar.
“No
creemos
que
haya
más
comisiones
por
la
falta
de
competencia,
sino
porque
el
negocio
deja
cada
vez
menos
beneficios.
Las
entidades
prefieren
vincular
a
sus
clientes
con
seguros
o
fondos
de
pensiones.
Nosotros
les
aconsejamos
que
a
veces
compensa
más
pagar
la
comisión
y
no
vincularse
a
otros
productos”,
añade
la
presidenta
de
Asufin.

El
indicador
más
habitual
para
medir
la
concentración
en
el
sector
financiero
es
el
índice
Herfindahl.
Y,
como
recordó
la
subgobernadora
del
Banco
de
España,
el
sistema
financiero
español
está
en
el
rango
medio
en
comparación
con
los
socios
de
la
UE.
Pero
el
nivel
en
el
que
estaba
a
finales
de
2019,
1.110
puntos,
ya
se
considera
un
mercado
moderadamente
concentrado,
y
supera
a
Alemania,
Francia,
Italia
y
el
Reino
Unido.
“De
materializarse
las
tres
fusiones
que
hay
sobre
la
mesa,
ese
índice
se
situará
casi
en
1.800
puntos.
A
partir
de
ese
umbral
el
mercado
se
considera
altamente
concentrado.
Hay
margen
para
fusiones
como
las
tres
que
se
plantean,
pero
nos
situaremos
en
un
nivel
que
roza
la
alta
concentración”,
concluye
Maudos.

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