Saltillo, peripecias de un hierro histórico y un ganadero enamorado

“Nunca
creí
que
llegaríamos
a
la
situación
actual.
Esta
pandemia
me
ha
descolocado.
De
momento,
la
broma
me
ha
costado
250.000
euros.
Y
digo
más:
si
la
próxima
temporada
no
comienza
en
Castellón
y
Valencia,
estamos
muertos.
Veo
mucho
futuro
en
los
festejos
populares;
los
políticos
los
cuidan
porque
son
un
semillero
de
votos,
nos
divertimos
todos
y
comemos
con
las
peñas;
pero
creo
que
el
mercado
taurino
se
reducirá
muchísimo,
y
solo
quedarán
varias
ganaderías
para
las
figuras
y
otras
cuantas
para
los
aficionados
de
verdad.
El
porvenir
lo
veo
muy
negro…”.

José
Joaquín
Moreno
Silva
(Madrid,
1948),
—licenciado
en
Ciencias
Políticas
y
conocido
rejoneador
en
sus
años
mozos—
es
el
propietario
del
hierro
de
Saltillo,
semilla
de
muchas
ganaderías
españolas
y
americanas,
referencia
del
toro
encastado,
del
que
huyen
las
figuras
actuales.

El
ganadero
tiene
el
porte
de
un
hombre
de
campo,
la
piel
oscura,
las
manos
estriadas,
la
voz
grave,
la
mente
despejada,
y
la
cabeza,
henchida
de
experiencias
y
sabiduría.
No
en
vano
asegura
que
es
un
enamorado
de
sus
fincas
(“el
paisaje
de
la
película
‘Memorias
de
África’
—dice—
es
un
jardín
sin
flores
al
lado
del
paraje
de
Molino
Chirrió,
un
auténtico
parque
natural
en
la
provincia
de
Sevilla”),
de
la
agricultura,
de
sus
cabras,
de
sus
vacas
mansas,
sus
cerdos,
y,
sobre
todo,
de
sus
toros
de
lidia.

Vive
en
Madrid,
pero
huye
de
la
ciudad
cada
día;
y
todas
las
semanas
coge
el
Ave
y
viaja
a
Palma
del
Río
y
Constantina,
donde
pastan
sus
reses.

“Con
mis
toros
me
pasa
como
con
esa
novia
que
vive
lejos
y
cuentas
las
horas
para
volver
a
su
lado;
con
esa
ilusión
vivo
cada
día…”.

Más
de
200
animales
de
Saltillo
han
acabado
en
el
matadero,
y
las
pérdidas
alcanzan
los
250.000
euros

A
pesar
de
ello,
Moreno
Silva
sufre
en
su
ánimo
y
en
su
bolsillo,
como
todos
los
ganaderos,
las
nefastas
consecuencias
de
la
pandemia.

“Más
de
200
animales
han
ido
al
matadero”,
se
lamenta;
“cuatro
corridas
de
toros,
tres
novilladas,
una
decena
de
toros
para
las
calles
y
muchos
erales
han
pasado
por
la
plaza
de
tientas,
se
han
toreado
y
han
sido
sacrificados
para
su
consumo”.

“Y
el
valor
de
un
toro
en
el
matadero
ronda
entre
los
250
y
300
euros
(a
0,65
euros
el
kilo),
con
lo
que
es
fácil
adivinar
la
ruina
económica”,
apuntilla.

Explica
que
ha
reservado
tres
corridas
para
que
se
lidien
el
próximo
año
como
cinqueños:
“Las
he
echado
al
campo
para
que
se
alimenten
de
hierba
y
un
par
de
kilos
de
pienso
al
día,
y
no
seis,
que
es
la
dieta
habitual
del
animal
que
se
prepara
para
ir
a
la
plaza”.

Reconoce,
no
obstante,
el
ganadero
que
es
un
hombre
con
suerte
a
pesar
de
que
su
hierro
no
lo
exijan
las
figuras
del
toreo.

José Joaquín Moreno Silva, ganadero de Saltillo.

José
Joaquín
Moreno
Silva,
ganadero
de
Saltillo.



A.L.

“Sé
que
lidio
un
toro
atípico
y
que
los
aficionados
que
siguen
este
encaste
caben
en
una
furgoneta;
es
una
lucha
difícil
porque
mis
toros
no
saben
lo
que
es
una
plaza
de
Madrid
para
abajo,
pero
han
salido
cuatro
o
cinco
buenos
en
Las
Ventas,
y
el
mercado
francés
ha
sido
muy
importante
para
mí.
Francia
me
abrió
sus
puertas,
y
hace
dos
años
me
concedieron
el
premio
a
la
mejor
ganadería
del
sureste
francés.
Allí
se
respeta
este
tipo
de
toro.
Los
aficionados
franceses
disfrutan
con
corridas
que
en
Sevilla
se
llevarían
las
manos
a
la
cabeza;
es
otro
concepto
sobre
el
toro”.

“El
toro
de
Saltillo
es
único
por
la
variedad
de
matices
que
encierra”,
explica
el
ganadero.
“Es
un
animal
encastado
que
humilla
y
define
mucho
al
torero
que
tiene
delante
porque
le
exige
seguridad
firmeza
y
colocación.
Guerrita,
Belmonte
o
Luis
Miguel
Dominguín
no
eran
tontos,
y
cuando
querían
triunfar
exigían
toros
de
Saltillo.
También
es
cierto
que
cuando
un
encaste
no
lidia
se
difumina
con
el
paso
del
tiempo;
por
eso,
este
toro
le
debe
tanto
a
Victorino
Martín,
el
mejor
ganadero
de
todos
los
tiempos,
que
ha
mantenido
encendida
la
llama
de
Saltillo”.

José
Joaquín
Moreno
Silva
ha
cosechado
triunfos
importantes
en
Madrid,
y
el
último
protagonista
fue
el
toro

Asturdero,

al
que
se
le
dio
la
vuelta
al
ruedo
el
4
de
junio
de
2018;
pero
también
los
ha
habido
malos…

“Muy
malos,
como

Cazarrata

(lidiado
por
Sánchez
Vara
el
31
de
mayo
de
2016
en
Las
Ventas);
pero,
curiosamente,
ha
sido
uno
de
los
toros
que
más
ha
contribuido
a
mantener
la
afición.
Dio
más
que
quitó.
Fue
un
toro
malo,
sí,
pero
la
mejor
definición
es
que
fue
un
bravo
mal
enclasado.
No
abrió
la
boca,
no
pasó
de
la
raya
del
tercio,
no
permitió
que
le
clavaran
un
par
de
banderillas.
Definió
lo
que
quería
y
lo
que
no”.

— ¿Ha
ganado
usted
dinero
con
la
ganadería?

“Para
mantener
una
ganadería
es
más
importante
el
dinero
que
la
afición”

— “Simplemente
lo
he
cambiado,
sin
beneficios
ni
pérdidas;
pero
ahora
me
cuesta.
Ya
le
he
dicho:
250.000
euros
solo
este
año.
Y
la
puedo
mantener
porque
no
vivo
de
ella.
De
lo
contrario,
sería
imposible.
Una
ganadería
solo
permanece
con
afición
y
bolsillo.
Es
más:
creo
que
es
más
importante
el
dinero
que
la
afición”.

Saltillo
cuenta
con
150
vacas,
lo
que
supone
el
mantenimiento
de
casi
600
animales
entre
añojos,
erales,
novillos,
utreros,
sementales,
bueyes,
caballos…
“Cuento
con
unas
fincas
muy
buenas
y
durante
siete
u
ocho
meses
comen
de
lo
que
cría
el
campo;
si
la
ganadería
estuviera
en
Cuenca
no
podría
mantenerla”.

Moreno
Silva
pertenece
a
una
familia
terrateniente
originaria
de
un
pueblo
de
Soria
y
asentada
en
la
provincia
de
Córdoba
desde
finales
del
siglo
XIX
a
causa
de
la
trashumancia;
su
abuelo,
Félix
Moreno
Ardanuy,
“el
hombre
más
inteligente
que
he
conocido”,
dice
su
nieto,
amplió
el
patrimonio
agrícola
y
ganadero
que
aportó
la
abuela,
Enriqueta
de
la
Cova.

Félix
Moreno
era
aficionado
a
los
toros,
íntimo
amigo
de
Guerrita,
y,
por
indicación
de
este
compró
en
1918
la
ganadería
del
Marqués
de
Saltillo.

“Mi
abuelo
quería
progresar
socialmente,
y
entendió
que
ser
ganadero
de
toros
bravos
era
un
camino
adecuado”,
comenta
el
ganadero.
“Pero
cometió
el
único
error
de
su
vida:
dividir
la
ganadería”.

Así,
esta
quedó
repartida
en
cuatro
partes:

Saltillo
,
que
heredó
el
hijo
Félix
Moreno
la
Cova;

Enriqueta
de
la
Cova
,
que
era
el
hierro
familiar,

Nine
y
Serafina
Moreno
,
dos
de
sus
hijas,
que
lidiaban
con
el
hierro
de
la
estrella
de
seis
puntas,
que
después
compraría
Jandilla,
y

Conde
de
Antillón

para
el
hijo
Javier
Moreno.


MÁS
INFORMACIÓN

Pronto
desaparecieron
los
dos
últimos
hierros;
el
de
la
abuela
Enriqueta
lo
heredó
José
Joaquín
de
Alonso
Moreno,
su
padre,
y
en
2013
compró
el
de
Saltillo
a
sus
primos.

“El
mayor
logro
de
mi
vida
como
ganadero
es
la
unificación
de
Saltillo;
que
esté
en
manos
de
una
sola
persona
en
lugar
de
cuatro”,
afirma
Moreno
Silva.

Su
padre,
Alonso
Moreno,
se
instaló
en
Madrid
tras
su
matrimonio
con
Ángela
de
Silva
Melgarejo.
Compró
en
1959
la
ganadería
de
Alicio
Cobaleda
y
alcanzó
el
éxito
ganadero
con
los
conocidos

alonsos
.
Una
docena
de
toreros
salieron
a
hombros
de
Las
Ventas,
entre
ellos
Espartaco,
el
15
de
mayo
de
1985.

Tras
la
muerte
del
propietario
en
1992,
el
hierro
lo
compró
José
Joaquín
a
su
hermano
Javier,
que
lo
había
heredado,
y
lo
hizo
desaparecer
cuando
el
prestigio
de
los
toros
pasó
a
la
historia.

En
consecuencia,
todas
las
aventuras
ganaderas
de
la
familia
han
quedado
reducidas
a
una,
Saltillo,
en
manos
del
actual
propietario,
el
nieto
predilecto,
según
sus
palabras,
del
abuelo
Félix
Moreno
Ardanuy.

— ¿Y
el
futuro,
José
Joaquín?

— “Mis
hijos
son
buenos
aficionados
y
espero
que
no
dividan
la
ganadería.
Pero
yo
les
digo: ‘si
queréis
ser
ganaderos,
lo
primero
que
hay
que
tener
es
dinero
para
serlo”.

— ¿Y
el
porvenir
de
la
fiesta?

— “Los
tiempos
han
cambiado,
pero
nosotros,
los
taurinos,
no.
Y
se
ha
mutilado
cualquier
intento
de
cambio.
Por
ejemplo,
se
puso
en
marcha
el
bombo
en
Madrid
y
desapareció
porque
no
interesaba.
Creo
que
la
situación
actual
es
el
castigo
que
merecemos”.

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