Devastado Barça

Messi, durante el encuentro ante el Atlético.

Messi,
durante
el
encuentro
ante
el
Atlético.
JuanJo
Martín
/
EFE

Hay
un
héroe
del
pasado
que
no
tira
la
toalla
en
el
hoy
devastado
Barça
y
que
responde
al
nombre
de

Ronald
Koeman
.
El
peso
del
equipo
y
del
club
recae
en
un
entrenador
que
mira
con
optimismo
el
calendario,
aparentemente
más
benigno,
sobre
todo
en
la
Champions,
torneo
en
el
que
hoy,
en
Kiev,
podría
sellar
su
pase
a
la
fase
de
octavos.
El
próximo
partido
siempre
funciona
como
expectativa
cuando
el
anterior
ha
sido
el
resumen
de
un
fracaso
anunciado
durante
tiempo,
desde
que
la
institución
ha
vivido
de

Messi
,
hoy
retenido
contra
su
voluntad
en
el
vacío
Camp
Nou.

Messi
no
jugará
hoy
porque
Koeman
le
ha
dado
descanso
después
del
partido
con
el
Atlético.
Jugó
mal
el
10,
perdió
23
veces
la
pelota
y
abandonó
el
estadio
con
una
tristeza
tan
contagiosa
como
antes
lo
era
su
alegría,
resumen
de
la
depresión
que
paraliza
al
Barcelona.
Nadie
parece
tener
remedio
contra
la
melancolía
de
Messi.
Tampoco
se
sabe
muy
bien
si

Piqué

estará
cuatro,
seis
u
ocho
meses
de
baja
por
la
lesión
sufrida
en
el
Wanda.
La
cuestión
es
que
su
dolencia
es
muy
grave
y
el
Barça
se
quedó
sin
central
ni
portavoz
en
un
momento
de
desesperación
en
el
Camp
Nou.

No
hay
líder,
falta
el
capitán
y
la
entidad
está
en
manos
de
una
gestora
presidida
por
Carles
Tusquets
desde
la
dimisión
en
octubre
de

Josep
Maria
Bartomeu
.
Y,
al
igual
que
hace
Koeman
en
el
vestuario,
Tusquets
intenta
poner
buena
cara
en
las
oficinas
para
combatir
el
mensaje
descorazonador
que
se
escucha
cada
vez
que
se
llama
a
un
móvil
o
teléfono
vinculado
con
el
Camp
Nou.
La
respuesta
es
la
misma:
“Esto
es
un
desastre”.
Las
actitudes
individuales
funcionan
como
remedio
ante
el
descorazonador
legado
deportivo
y
económico
del
Barça.

Tusquets
necesita
rebajar
antes
de
un
mes
la
masa
salarial
de
la
plantilla
o,
si
se
quiere,
aplazar
el
pago
de
190
millones,
después
de
que
en
marzo
los
ingresos
de
los
futbolistas
ya
disminuyeran
un
6%.
La
solución
colectiva
resulta
muy
complicada
una
vez
que
Piqué,
Ter
Stegen,
De
Jong
y
Lenglet
renovaran
sus
contratos
y
aplazaran
los
pagos
de
forma
diferida
al
igual
que
ya
hicieron
cuando
fueron
fichados
Dest
y

Pjanic
.
La
situación
es
más
complicada
con
las
demás
fichas
y,
en
especial,
con
la
de
Messi,
porque
su
contrato
acaba
en
junio
de
2021.

Aunque
al
club
le
queda
la
opción
de
aplicar
medidas
de
forma
unilateral,
la
gestora
aguarda
al
regreso
de
la
expedición
que
este
lunes
viajó
a
Kiev
para
cerrar
un
posible
acuerdo
que
debería
ser
refrendado
por
la
directiva
elegida
en
las
elecciones
del
24
de
enero.
Los
jugadores
prefieren
tratar
con
el
presidente
que
sustituya
a
Bartomeu.
Nadie
sabe
ahora
mismo
el
importe
del
agujero
que
tiene
el
Barça.
La
sospecha
es
que
la
deuda
es
tremenda,
disuasoria
para
cualquier
candidato,
condicionado
por
otra
parte
por
la
situación
de

standby

de
Messi.

No
es
que
el
vestuario
dude
de
Tusquets,
sino
que
demanda
un
interlocutor
que
sepa
el
dinero
que
hay
disponible
para
los
pagos
no
solo
de
enero,
sino
de
también
de
junio
de
2021.
La
situación
de
interinidad
es
la
que
condiciona
también
el
ascendente
de
Koeman.
El
técnico
sabe
que
su
continuidad
está
a
expensas
de
la
junta
entrante
y,
por
tanto,
necesita
estimular
al
plantel
para
conseguir
en
LaLiga
los
resultados
de

la
Champions.

Ya
prácticamente
clasificado
para
los
octavos
de
final,
Koeman
ha
reservado
a
Messi
y
De
Jong
para
el
partido
en
cancha
del
Dinamo
de
Kiev.
La
expedición
azulgrana,
que
está
integrada
por
jugadores
inéditos
como

Matheus
Fernandes

—ni
siquiera
ha
sido
presentado—
y
Óscar
Mingueza
—capitán
del
filial
que
será
titular
como
central
con
Lenglet—
está
más
preocupada
por
la
pandemia
que
por
el
encuentro
ante
el
equipo
que
dirige

Lucescu
.
El
partido
se
jugará
a
puerta
cerrada
porque
Ucrania
pasa
por
su
peor
momento
con
la
covid-19.


Falta
de
sentido
de
equipo

La
cita
servirá
para
observar
cómo
funciona
el
equipo
sin
Messi.
Hay
futbolistas
que
juegan
condicionados
por
el
10,
ninguno
como
Griezmann,
últimamente
en
boca
de
agentes
y
amigos,
estéril
de
cara
al
marco
contrario,
perdido
el
sábado
en
su
antigua
cancha
del
Wanda.
Las
causas
individuales
se
imponen
a
la
falta
de
sentido
de
equipo,
perdido
en
la
clasificación
de
LaLiga.
El
Barça
ha
perdido
la
energía
y
la
capacidad
de
presión
mostradas
en
el
arranque
de
temporada
y
aparece
como
un
grupo
diseminado
y
falto
de
identidad,
siempre
excesivamente
dependiente
de
Messi.

Al
Barcelona
le
falta
solidez,
agresividad
y
concentración,
sobre
todo
en
los
momentos
decisivos,
acostumbrado
a
descansar
en
el
10.
Ha
perdido
juego,
sensación
que
se
puede
agravar
por
las
lesiones
de
futbolistas
excelentes
colectivamente,
como
son
Busquets,

Sergi
Roberto,

Piqué
y
Ansu
Fati,
y
tampoco
parece
tener
todavía
convicción
en
el
plan
de
Koeman.
El
técnico
ha
quedado
a
merced
del
marcador
por
la
mala
política
deportiva,
expresada
en
el
mercadeo
—ha
gastado
prácticamente
mil
millones
en
fichajes
en
los
últimos
cinco
años—,
y
en
la
falta
de
coordinación
con
la
cantera,
especialmente
con
el
filial,
derrotado
la
pasada
jornada
por
L’Hospitalet
(2-0).

El
traspaso
al
Villarreal
de
Cuenca,
central
del
Barcelona
B,
por
2,5
millones
resume
el
desastre
en
la
planificación
azulgrana,
necesitado
como
está
ahora
el
equipo
de
un
central
y
de
un
delantero
centro
que
no
puede
comprar
porque
no
tiene
un
céntimo,
por
más
que
lo
pida
Koeman.
El
técnico,
sin
embargo,
no
se
queja
sino
que
se
ofrece
como
guía
para
sacar
al
Barcelona
de
una
situación
tan
crítica
que
evoca
el
mandato
de

Joan
Gaspart.

No
hay
una
paradoja
mejor
para
definir
la
situación
que
la
de
saber
que
el
equipo
está
prácticamente
clasificado
para
un
torneo
en
el
que
no
se
siente
favorito
—la
Champions—
y,
en
cambio,
está
desubicado
en
una
competición
en
la
que
se
le
pide
que
dispute
el
título
—LaLiga—.
Hoy
el
Barcelona
está
en
tierra
de
nadie.

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