La mayoría crece y se multiplica

“Y
siguen
sumando
más
enemigos
de
España”,
protestó
desde
la
tribuna
del
Congreso
la
diputada
del
PP
Llanos
de
Luna.
La
lista
de
esos
“enemigos”
que
ha
logrado
adherir
a
su
causa
el
Gobierno
de
coalición
no
cesa
de
engrosarse:

el
recuento
hasta
este
lunes
era
ya
de
189
diputados
,
13
más
que
la
mayoría
absoluta
y
22
más
de
los
que
el
pasado
enero
propiciaron

la
ajustadísima
investidura
de
Pedro
Sánchez

por
solo
dos
votos
de
diferencia.
Ese
“bloque
histórico
claramente
progresista”
—según
la
definición
de
Mertxe
Aizpurua,
la
portavoz
del
más
controvertido
de
sus
integrantes,
EH
Bildu—
dará
el
próximo
jueves
su
respaldo
a
los
Presupuestos
del
Estado,
penúltimo
trámite
antes
de
su
envío
al
Senado
y
la
aprobación
definitiva,
de
nuevo
en
el
Congreso,
dos
días
antes
del
final
de
año.

La
abigarrada
multitud
incluye
a
toda
la
izquierda
estatal
(los
dos
partidos
del
Gobierno
y
Más
País)
y
a
la
mayoría
del
nacionalismo,
ya
se
sitúe
en
la
izquierda
(ERC,
EH
Bildu
y
Compromís)
o
en
posiciones
más
conservadoras
(PNV
y
PDeCAT),
además
de
pequeñas
formaciones
moderadas
de
ámbito
local,
como
los
regionalistas
cántabros,
Teruel
Existe
y
Nueva
Canarias.
Enfrente
quedará
el
espectro
completo
del
centroderecha,
el
independentismo
catalán
más
duro
(Junts
y
la
CUP),
Coalición
Canaria
y
el
único
apoyo
que
el
Ejecutivo
ha
perdido
desde
la
investidura,
el
del
BNG,
cuyo
solitario
diputado,
Néstor
Rego,
atacó
con
dureza
unos
Presupuestos
que
“castigan
a
Galicia”.

ERC
y
EH
Bildu
habían
consentido
en
enero
la
elección
de
Sánchez,
pero

sin
salir
del
limbo
de
la
abstención.

Ahora
se
enrolan
en
la
mayoría
que
sostiene
al
Ejecutivo
y,
para
reforzar
su
posición,
estrechan
los
lazos
que
ya
mantenían
desde
hace
tiempo.
Con
ese
propósito,
el
coordinador
general
de
EH
Bildu,
Arnaldo
Otegi,
y
la
secretaria
general
de
ERC,
Marta
Vilalta,
celebraron
este
lunes
una
comparecencia
conjunta,
vía
telemática,
en
la
que
el
dirigente
vasco
sumó
fuerzas:
“Somos
18
diputados
[13
de
Esquerra
y
5
de
Bildu]
absolutamente
determinantes
en
el
Congreso”,
alardeó
Otegi,
quien
sostuvo
que
lo
que
está
en
juego
es
algo
más
que
unas
cuentas
públicas.
Lo
que
se
dirime,
según
él,
es
frenar
el
“avance
de
la
ultraderecha”
y
determinar
la
“orientación
política
del
Estado
en
los
próximos
meses
y
años”.

Superado
el
pantanoso
territorio
de
los
Presupuestos,
en
el
que
se
ahogó
sin
remedio
hace
un
año

el
Gabinete
en
solitario
del
PSOE,

empieza
una
nueva
vida
para
el
Ejecutivo.
La
buena
noticia
es
que
no
será
corta:
el
“bloque
progresista”
del
que
habló
Aizpurua
tiene
la
vocación
de
perseverar
“al
menos
tres
años”.
La
mala,
que
no
resultará
fácil
satisfacer
las
demandas
de
esos
aliados.
La
misma
Aizpurua
lo
expuso
sin
muchos
miramientos
diplomáticos
desde
la
tribuna
del
Congreso:
“Ya
tienen
Presupuestos,
ahora
no
hay
excusas.
Ahora
vamos
a
ser
mucho
más
exigentes”.
Y
lo
serán
en
tres
grandes
cuestiones:
“Ampliación
de
los
derechos
sociales
y
económicos”,
“avance
en
la
plurinacionalidad
del
Estado”
y
“dejar
atrás
la
excepcionalidad
de
la
política
penitenciaria”.
María
Muñoz,
de
Ciudadanos,
pretendiente
despechado
por
el
Ejecutivo,
se
acogió
de
inmediato
a
esas
palabras:
“¡Menuda
vergüenza!
Ya
le
han
dejado
claro
que
les
van
a
sacar
hasta
los
higadillos”.

El
último
de
los
“enemigos
de
España”
en
subirse
al
carro
del
Gobierno
también
tiene
voluntad
de
uncirse
por
un
largo
tiempo.

Los
cuatro
diputados
del
PDeCAT,

el
sector
más
moderado
dentro
del
magma
surgido
tras
la
implosión
del
viejo
pujolismo,
pasará
del
rechazo
a
la
investidura
hace
11
meses
a
brindar
su

el
próximo
jueves.
Y
con
ello
espera
dar
inicio
a
una
“nueva
legislatura”,
según
anunció
su
diputado
Ferran
Bel.

El
divorcio
con
el
sector
de
Carles
Puigdemont,
que
retiene
otros
cuatro
diputados
bajo
la
denominación
Junts
per
Catalunya,
es
ya
definitivo.
Laura
Borràs,
recién
elegida
candidata
de
Junts
a
la
Generalitat
en
las
elecciones
del
próximo
14
de
febrero,
anunció
que
su
grupo
seguirá
en
el
rechazo
frontal
mientras
haya
“presos
políticos”,
no
se
detenga
la
“represión”
y
no
se
negocie
la
autodeterminación
de
Cataluña.
Sin
citarlo
expresamente,
Borràs
calificó
el
cambio
de
posición
de
sus
hasta
ahora
compañeros
como
un
“irresponsable
cortoplacismo”.
El
discurso
de
Bel
evocó
más
bien
las
maniobras
negociadoras
de
los
años
de
apoteosis
del
pujolismo.
El
diputado
posconvergente
justificó
su
apoyo
por
la
actual
situación
de
emergencia
sanitaria
y
social,
porque
un
rechazo
a
las
cuentas
abocaría
al
país
a
las
terceras
elecciones
en
un
año
y
por
—faltaría
más—
las
promesas
de
inversiones
en
Cataluña,
sobre
todo
más
de
200
millones
de
euros
para
el
tren
de
cercanías.

Por
encima
de
las
cifras,
las
inversiones
o
las
prioridades
económicas,
en
el
debate
que
continuará
hasta
el
jueves
sobre
los
distintos
apartados
de
los
Presupuestos
se
seguirá
hablando,
sobre
todo,
de
EH
Bildu,
convertido
de
repente
en
actor
central
de
la
obra
y
representante
más
eximio
de
los
“enemigos
de
España”.
La
entrada
en
escena
de
los
“filoetarras”
produce
en
los
escaños
del
centroderecha
entre
“vergüenza”
y
“arcadas”,
palabras
que
sonaron
este
lunes
en
boca
de
varios
diputados
de
la
oposición.
“Se
va
a
vender
España
a
trozos
para
que
Sánchez
e
Iglesias
se
mantengan
en
el
poder”,
interpretó
la
portavoz
popular,
Cuca
Gamarra.

Aunque
en
ardor
guerrero
contra
el
Gobierno
nadie
es
capaz
de
ganar
a
Vox.
Tanto,
tanto,
tanto
rechaza
los
Presupuestos
el
partido
de
Santiago
Abascal
que
ha
sido
el
único
grupo
de
la
Cámara
que
no
se
ha
molestado
siquiera
en
presentar
una
sola
enmienda.
Eso
sí,
Iván
Espinosa
de
los
Monteros
anunció:
“Lucharemos
contra
ustedes
todos
los
días
de
nuestra
vida”.

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