Un baño de lejía para clausurar el campamento del muelle de Arguineguín

Operarios durante el desmantelamiento del campamento del Puerto de Arguineguín.

Operarios
durante
el
desmantelamiento
del
campamento
del
Puerto
de
Arguineguín.
quique
curbelo

El
campamento
para
inmigrantes
del
muelle
de
Arguineguín
(Mogán,
Gran
Canaria)

se
da
por
clausurado
casi
cuatro
meses
después
de
que
se
pusiera
en
pie
de
manera
improvisada

como
respuesta
al
repunte
migratorio
en
el
archipiélago.
Durante
la
mañana
del
lunes
el
olor
a
lejía
ha
sustituido
al
hedor
a
suciedad,
sudor
y
humedad
que
impregnaba
este
espacio
de
3.800
metros
cuadrados
donde
el
Gobierno
ha
llegado
a
hacinar
hasta
a
2.600
personas
recién
rescatadas
de
las
pateras
en
las
que
intentaban
llegar
a
las
islas.
Tras
el
desalojo,
que
se
completó
la
noche
del
domingo,
20
militares
han
sido
movilizados
a
toda
prisa
para
desinfectar
la
zona
y
desmontar
las
cinco
carpas
del
Ejército
que
servían
de
techo
a
los
recién
llegados.
Cruz
Roja
desmontará
también
sus
ocho
tiendas
y
la
empresa
responsable
los
25
baños
químicos
portátiles
los
recogerá
próximamente.

Las
malas
condiciones
del
mar
han
frenado
las
llegadas
desde
el
pasado
viernes
y
han
permitido
acelerar
una
asignatura
pendiente
en
la
que
las
autoridades
trabajaban
hace
semanas.
La
intención
del
Gobierno
es
que
el
espacio
solo
vuelva
a
usarse,
como
máximo,
para
el
triaje
sanitario,
pero
no
para
uso
policial.

El
nuevo
destino
de
los
recién
llegados
será
el
campamento

instalado
en
el
antiguo
polvorín
de
Barranco
Seco,

unos
terrenos
militares
a
ocho
kilómetros
de
Las
Palmas
de
Gran
Canaria,
con
capacidad
para
hasta
1.000
personas.
En
el
campamento,
destinado
para
las
primeras
72
horas
de
custodia
policial
en
las
que
se
identifica
y
reseña
a
los
recién
llegados,
duermen
ahora
mismo
600
migrantes
en
carpas
del
Ejército
donde
caben
entre
20
y
30
personas,
dependiendo
de
si
las
literas
del
interior
son
dobles
o
triples.
La
Policía,
como
ya
hizo
en
Arguineguín,
ha
comenzado
este
lunes
a
impedir
que
los
periodistas
se
acerquen
a
la
barrera
policial
que
protege
el
nuevo
campamento.

El
muelle
de
Arguineguín
ha
sido
durante
los
últimos
meses
un
agujero
negro
en
la
gestión
migratoria
del
Gobierno
en
Canarias,
adonde
han
llegado
en
lo
que
va
de
año
19.000
personas.
Sin
camas,
las
personas
dormían
sobre
cartones
en
el
suelo
y
comían
bocadillos
de
atún
y
pollo
para
desayunar,
almorzar
y
cenar.
El
agua
era
limitada
y
los
25
baños
y
12
duchas
un
bien
justo
y
preciado
para
compartir
entre
cientos
de
personas.

En
este
espacio,
también
vetado
a
los
periodistas
y
a
parlamentarios,
se
han
documentado

varias
violaciones
de
los
derechos
básicos
de
los
migrantes.

Desde
la

ausencia
de
asistencia
jurídica

a
la
permanencia
bajo
custodia
policial
de
personas
–entre
ellos
menores–
durante
más
de
los
tres
días
que
marca
la
ley.
Yassine
Esadik,
un
marroquí
de
23
años,
por
ejemplo,
contó
a
EL
PAÍS
que
durmió
20
días
en
el
asfalto
del
muelle.
También
en
esa
dársena,
los
servicios
sanitarios
encontraron
a
Hamza
un
adolescente
que
desembarcó
después
de
haber
visto
morir
de
inanición
a
seis
de
sus
primos
que
emprendieron
con
él
el
viaje.
El
chico
llevaba
tirado
en
el
asfalto
nueve
días,
deshidratado
y
en
estado
de
shock,
sin
que
nadie
reparase
en
él,
según
denunció
en
Twitter
el
pediatra
que
lo
atendió.

Las
condiciones
del
muelle
motivaron
una
inspección
de
técnicos
del
Defensor
del
Pueblo
que
envió
un
recordatorio
al
Ministerio
del
Interior

demandando
su
“cierre
inmediato”
del
lugar,

donde
mantiene
que
se
han
vulnerado
derechos
fundamentales.
El
documento
destacaba
que
mantener
allí
a
los
migrantes
suponía
poner
en
riesgo
su
integridad
física
y
denunciaba
que
los
rescatados
superaban
en
el
asfalto
las
72
horas
de
privación
de
libertad
que
permite
la
legislación
sin
que
exista
ninguna
orden
judicial
que
lo
justifique.
El
defensor,
Francisco
Fernández
Marugán,
tenía
prevista
su
llegada
a
las
islas
este
lunes
para
conocer
la
situación
en
persona,
pero
se
ha
visto
forzado
a
cancelar
el
viaje
a
última
hora
tras
comprobar
que
tuvo
contacto
estrecho
con
un
positivo
de
covid.

El
desmonte
de
Arguineguín
se
prolongará
durante
toda
la
jornada
del
lunes.
Se
han
llenado
decenas
de
bolsas
de
basura
con
zapatos,
calcetines,
mantas
y
mochilas
abandonadas
por
cualquiera
de
los
miles
de
personas
que
durante
casi
cuatro
meses
han
pasado
por
allí.
La
alcaldesa
de
Mogán,
Onalia
Bueno,
de
la
plataforma
Ciudadanos
por
el
Cambio
(CiuCa)
se
ha
desplazado
al
lugar
a
comprobar
los
trabajos
y
celebrar
el
cierre
de
un
lugar
que
ha
provocado
la
ira
de
sus
vecinos.
Allí
se
ha
encontrado
con
los
pescadores
del
pueblo
que,
tras
conocer
la
noticia
de
la
clausura,
han
corrido
a
recuperar
el
pequeño
espacio
que
antes
ocupaban
sus
redes.

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