La Biblioteca del Vaticano se blinda contra los ciberdelincuentes

La Biblioteca del Vaticano inició un proceso de digitalización de 80.000 textos en 2014.

La
Biblioteca
del
Vaticano
inició
un
proceso
de
digitalización
de
80.000
textos
en
2014.
Bojan
Brecelj
/
Getty
Images

Es
una
carrera
contra
el
tiempo.
La
Biblioteca
del
Vaticano,
fundada
en
1451,
mantiene
una
lucha
contra
la
fragilidad
del
pasado
para
que
los
miles
de
documentos
que
resguarda
no
sucumban
ante
los
efectos
del
tiempo,
y
también
contra
el
presente,
pues
con
la
digitalización
de
su
colección
como
medida
de
preservación
se
ha
expuesto
a
redes
de
ciberdelincuencia
al
asecho
de
una
de
las
colecciones
históricas
más
importantes
del
mundo.
La
amenaza
tiene
dos
frentes
y
la
Biblioteca
está
en
medio.
Un
paso
en
falso
podría
condenar
importantes
fragmentos
de
la
historia
de
la
humanidad
al
olvido,
la
manipulación
o
la
extinción.

El
relato
ha
cambiado
en
muy
poco
tiempo.
En
2017,
Luciano
Ammenti,
director
de
Sistemas
de
Información
de
la
Biblioteca,
dijo
a
EL
PAÍS
que
la
seguridad
cibernética
de
la
biblioteca

no
era
algo
que
les
preocupara
.
“La
verdad
es
que
la
seguridad
no
nos
preocupa
mucho
porque
nuestros
accesos
son
todos
gratuitos.
Desde
el
punto
de
vista
de
los

hackers
,
no
somos
apetecibles:
todo
lo
que
uno
podría
tener,
ya
lo
tiene
en
línea,
no
hay
nada
más.
No
tenemos
documentos
secretos”.
Tres
años
después,
la
narrativa
es
otra.
“No
podemos
ignorar
que
nuestra
infraestructura
digital
es
de
interés
para
los
piratas.
Un
ataque
exitoso
podría
hacer
que
la
colección
sea
robada,
manipulada
o
eliminada
por
completo”,

ha
reconocido

el
director
de
Información
de
la
Biblioteca,
Manlio
Miceli

al
diario


The
Guardian
.
¿Qué
ha
cambiado?
El
temor
a
que
los
ciberdelincuentes
se
hagan
con
el
contenido
que
están
digitalizando
para
hurtarlo
y
pedir
un
rescate
o,
peor
aún,
manipularlo
y
modificar
así
documentos
históricos
de
valor
incalculable.

El
giro
les
ha
pillado
en
pleno
proceso
de
digitalización:
en
2014
la
Biblioteca
Apostólica
del
Vaticano
apostó
por
la
tecnología
para
proteger
más
de
80.000
manuscritos
y
documentos
históricos
de
las
condiciones
naturales,
del
tiempo
y
de
los
accidentes
físicos.
Seis
años
después
tienen
un
25%
de
todo
su
contenido
digitalizado.
La
batalla
de
las
instituciones
contra
la
ciberdelincuencia
es
cada
vez
más
frecuente
y
compleja.
Según
el

informe
X-Force
2020
de
IBM

en
2019
fueron
afectados
más
de
8.500
millones
de
registros,
con
un
crecimiento
del
200%
con
respecto
a
2018.

“Actualmente,
cualquier
institución
es
posible
víctima
de
estos
ataques,
incluso
aquellas
que
por
causas
políticas,
religiosas
o
de
cualquier
otra
índole
proporcionen
al
atacante
una
notoriedad
o
algún
tipo
de
satisfacción
personal”,
señala
Javier
Sevillano,
director
de
seguridad
de
la
información
de

ISMS
Forum
,
la
Asociación
Española
para
el
Fomento
de
la
Seguridad
de
la
Información.
Y
la
Biblioteca
es
una
de
ellas
pues
conserva
alrededor
de
1.600.000
libros
—entre
los
que
hay
150.000
manuscritos
y
100.000
documentos
impresos—
entre
los
que
están
la
copia
más
antigua
de
la
Biblia
que
se
conserva
y
dibujos
y
escritos
de
Miguel
Ángel
y
Galileo,
entre
otros.
“Los
atacantes
disponen,
desafortunadamente,
de
un
amplio
arsenal
de
herramientas
para
realizar
esta
labor,
como
los
analizadores
de
vulnerabilidades
para
detectar
posibles
puntos
débiles
en
las
defensas,
las
denominadas
‘puertas
traseras’
que
se
introducen
junto
con
otro
software
aparentemente
legítimo
o
las
herramientas
de
control
remoto”,
explica
Sevillano.
El
experto
también
resalta
el
auge
de
la
utilización
de
herramientas
y
paquetes
de

ransomware
,

un
tipo
específico
de
virus

cuyo
cometido
es
cifrar
la
información
con
una
clave
solo
conocida
por
el
atacante
para
pedir
un
rescate
por
su
recuperación.


Preservar
y
confiar;
la
NASA
y
Darktrace

Objetivo
de
más
de
cien
ataques
cibernéticos
al
mes,
la
de
la
Biblioteca
es
ahora
una
doble
misión:
preservar
el
patrimonio
y
transmitir
confianza.
Para
preservar
el
patrimonio,
el
recinto
protege
la
mortalidad
de
los
textos
antiguos
en
la
inmortalidad
de
las
máquinas.
La
meta
es
que
las
reliquias
que
guardan
las
paredes
de
la
Biblioteca
también
las
guarden
las
paredes
de
las
nubes
de
datos
en
el
ciberespacio,
en
un
plazo
de
20
años.
“No
obstante,
tener
una
información
digitalizada
no
garantiza
su
pervivencia.
Cabe
recordar
la
pérdida
de
programas
de
la
BBC
emitidos
hasta
casi
los
años
ochenta,
las
transmisiones
originales
del
Apolo
11

desaparecidas
para
siempre
,
o
la
fallida
migración
de

servidores
de
MySpace

que
hizo
que
se
perdieran
más
de
50
millones
de
canciones”,
señala
Ángel
González
Berdasco,
experto
en
ciberseguridad
de
INCIBE-CERT.
Por
eso
la
Biblioteca
eligió
en
2014

un
formato
conocido
como
FITS

que
fue
creado
por
la
NASA
en
1981
para
archivar
imágenes
y
datos
del
espacio
y
que
es
más
seguro
que
un
.jpg
o
.pdf.

Pero
para
transmitir
confianza,
la
Biblioteca
también
necesita
asegurarse
de
que
sus
lectores
puedan
fiarse
en
los
registros
digitalizados
de
sus
tesoros
históricos.
Que
lo
que
están
leyendo
es,
en
efecto,
lo
mismo
que
está
escrito
en
aquel
pergamino
del
siglo
XV.
“Tenemos
que
proteger
nuestra
colección
en
línea
para
que
los
lectores
puedan
confiar
en
que
los
registros
son
antecedentes
precisos
e
inalterados.
En
la
era
de
las
noticias
falsas,
estas
colecciones
juegan
un
papel
importante
en
la
lucha
contra
la
desinformación,
por
lo
que
defenderlas
contra
los
ataques
de
confianza
es
fundamental”,
precisa
Miceli

a

The
Guardian
.
Por
eso
a
principios
de
noviembre
los
encargados
decidieron
contratar
a

Darktrace
Immune
System
,
una
empresa
de
Inteligencia
Artificial
(IA)
cibernética
con
sedes
en
San
Francisco
(Estados
Unidos)
y
Cambridge
(Reino
Unido).

“Nuestro
sistema
de
IA
—que
se
basa
en
el
sistema
inmunológico
humano
y
que
es
utilizado
por
más
de
4.000
organizaciones—
inmediatamente
comenzó
a
aprender
el
patrón
de
vida
del
mundo
digital
de
la
Biblioteca,
proporcionando
a
su
equipo
de
seguridad
una
vista
en
tiempo
real
de
todo
lo
que
sucede
en
sus
sistemas”,
explica
a
EL
PAÍS
Emmanuel
Meriot,
gerente
de
Darktrace
en
España
y
Francia.
Dentro
de
la
Biblioteca,

la
tecnología
de
Darktrace

genera
un
análisis
evolutivo
de
la
actividad
normal
dentro
de
los
sistemas
digitales
de
la
Biblioteca
para
detectar
cambios
significativos
que
puedan
indicar
si
está
surgiendo
una
amenaza
cibernética.
“La
Biblioteca
siempre
se
ha
tomado
en
serio
la
seguridad
cibernética,
pero
los
ataques
cibernéticos
se
están
volviendo
cada
vez
más
sofisticados
y
las
herramientas
de
seguridad
tradicionales
basadas
en
reglas,
firmas
y
listas
negras
se
están
volviendo
rápidamente
obsoletas
a
vez
más
novedosos”,
asegura
Meriot.


Daño
digital
versus
daño
físico

Para
los
documentos
históricos,
la
humedad
y
el

malware

(programa
informático
malicioso)
son
amenazas
igual
de
peligrosas.
Pero
la
primera
es
más
conocida,
menos
compleja
y
no
está
en
constante
actualización
como
la
segunda.
“Vivimos
en
una
era
de
desinformación
en
la
que
los
piratas
informáticos
persiguen
cada
vez
más
la
confianza
no
solo
robando
datos,
sino
también
socavando
su
integridad.
Si
bien
el
daño
físico
a
menudo
es
claro
e
inmediato,
un
daño
de
este
tipo
[cibernético]
no
sería
tan
visiblemente
obvio,
por
lo
que
tiene
el
potencial
de
causar
un
daño
duradero
no
solo
al
archivo,
sino
a
la
memoria
histórica
del
mundo”,
explica
Meriot.
En
la
misma
línea,
Miceli
sostiene
que
la
ventaja
del
daño
físico
es
que
“suele
ser
claro
e
inmediato”
pero
que
un
ataque
cibernético
tiene
el
potencial
de
causar
un
daño
más
duradero
y
potencialmente
irreparable,
“no
solo
al
archivo
en
sí,
sino
a
la
memoria
de
la
historia
mundial”.

Mientras
el
panorama
de
las
amenazas
cibernéticas
se
mantiene
en
constante
evolución,
los
expertos
coinciden
en
que
las
organizaciones
necesitan
equipar
a
los
seres
humanos
con
máquinas
dotadas
de
tecnología
que
comprenda
los
tonos
grises
dentro
de
los
sistemas
complejos
de
ciberseguridad.
“Este
tipo
de
herramientas
están
en
continua
evolución,
con
el
lanzamiento
constante
de
nuevas
versiones
con
más
y
mejores
capacidades,
incluso
estableciendo
una
industria

underground

de
venta
de
servicios
de
malware”,
señala
Sevillano.
Esta
es
una
batalla
de
máquinas
contra
máquinas,
con
los
bienes
culturales
como
motín.
Y
la
Biblioteca
del
Vaticano
ha
comprendido
que
para
ganarla,
además
de
los
rezos,
hará
falta
Inteligencia
Artificial.

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