Tras el fantasma del imán de Ripoll

Estado en que quedó la casa de Alcanar tras la explosión. Retrato del imán Abdelbaki es Satty

Estado
en
que
quedó
la
casa
de
Alcanar
tras
la
explosión.
Retrato
del
imán
Abdelbaki
es
Satty


Los
atentados
de
Barcelona
y
Cambrils
de
2017

no
son
ajenos
a
la
teoría
de
la
conspiración.
En
su
máxima
expresión,
esa
tesis
sostiene
que
el
Estado
estuvo
involucrado
en
los
ataques
—o,
al
menos,
los
consintió—
para
frenar
el
procés
independentista
en
Cataluña.
Y
que
lo
hizo
a
través
del
enigmático
imán
de
Ripoll,
Abdelbaki
Es
Satty,
que
había
tenido
tratos
—cuyo
alcance
no
se
ha
aclarado
públicamente—
con
el
CNI.
Al
contrario
de
lo
que
concluyen
las
evidencias
del
sumario,
sugiere
que
el
imán
sigue
vivo.

La
muerte
de
Es
Satty
centró
este
jueves
la
15ª
sesión
del
juicio
por
los
atentados
en
la
Audiencia
Nacional,
donde
forenses
y
mossos
especializados
pudieron
explicarse.
O
lo
intentaron:
las
conexiones
por
videoconferencia
fueron
desastrosas
(la
imagen
se
congelaba,
el
sonido
era
casi
imperceptible)
y
demostraron,
una
vez
más,
que
la
tecnología
es
una
asignatura
pendiente
de
la
justicia.

Los
problemas
técnicos
dificultaron
los
interrogatorios.
“Vamos
a
formular
preguntas
concretas,
ya
ve
las
dificultades
que
tenemos”,
pidió
el
presidente
del
tribunal,
Félix
Alfonso
Guevara,
al
más
interesado
en
perseguir
dudas,
contradicciones,
incógnitas:
el
abogado
de
Javier
Martínez,
padre
del
niño
de
tres
años
atropellado
mortalmente
en
La
Rambla
y
principal
defensor
de
las
teorías
alternativas.

El
sumario
concluye
que
Es
Satty
murió
en
la
explosión
del
16
de
agosto

Uno
de
los
mossos
contó
lo
esencial:
el
perfil
genético
obtenido
del
fragmento
de
una
oreja
recogido
en
Alcanar
—donde
Es
Satty
pasó
largas
temporadas—
coincide
con
el
que
se
extrajo
de
objetos
encontrados
en
dos
espacios
íntimamente
ligados
al
imán.
Uno,
el
piso
de
Ripoll
donde
vivió
hasta
pocas
semanas
antes
de
los
atentados
(dejó
su
huella
genética
en
la
manija
de
una
ventana
y
en
una
chilaba
de
color
gris).
Y
dos,
la
furgoneta
Mercedes
de
color
blanco
de
su
propiedad
(la
policía
halló
restos
válidos
para
su
análisis
en
una
lata
de
Coca-Cola
y
en
dos
botellas
de
agua).

Es
cierto
que
los
peritos
no
pudieron
afirmar
que
el
ADN
se
corresponda
con
la
identidad
de
Es
Satty,
pero
es
que
no
es
su
tarea.
El
imán
había
sido
condenado
por
tráfico
de
drogas
en
2010,
pero
sus
datos
genéticos
no
constaban
en
ninguna
base
de
datos.
Son
los
Mossos
que
lideraron
la
investigación
—y
con
ellos
la
fiscalía,
y
el
juez
instructor,
y
todas
las
acusaciones
menos
una—
los
que,
tras
analizar
todos
los
indicios
en
su
poder,
llegan
a
la
conclusión
de
que
Es
Satty
murió
en
Alcanar.

Para
salir
de
dudas
sobre
la
cuestión
genética,
el
juez
instructor
llegó
a
enviar
a
Marruecos
a
dos
inspectores
de
Policía
—declaran
el
próximo
día
9
porque
ayer,
entre
conexión
y
conexión,
no
hubo
tiempo
para
más—
que
tomaron
muestras
de
ADN
a
la
madre,
un
hermano
y
una
de
las
hijas
de
Es
Satty.
El
cotejo
fue
positivo:
los
perfiles
coincidían.
La
defensa
de
Martínez,
sin
embargo,
pone
en
duda
el
informe
forense
marroquí
porque
no
cumple
los
“estándares”
mínimos.


Lesiones
letales

El
abogado
de
esta
víctima
del
terrorismo,
rota
por
el
dolor,
es
el
diputado
de
Junts
per
Catalunya
en
el
Congreso
Jaume
Alonso-Cuevillas,
aunque
lo
cierto
es
que
no
acude
prácticamente
a
ninguna
sesión.
Lo
hace
en
su
lugar
Agustí
Carles.
Sus
interrogatorios
son
muy
meditados
y
están
más
orientados
a
despertar
dudas
que
a
plantear
abiertamente
teorías
conspiratorias.
Ayer
lo
intentó
de
nuevo,
aunque
no
tuvo
mucho
margen
de
maniobra.

Poco
antes
de
las
23.30
del
16
de
agosto
de
2017,
una
explosión
fortuita
hizo
volar
por
los
aires
la
casa
de
Alcanar,
donde
la
célula
terrorista
de
Ripoll
acumulaba
cientos
de
kilos
de
explosivos
para
cometer
un
atentado
con
bombas
en
Barcelona.
En
el
accidente
murieron,
según
el
sumario
judicial,
el
imán
y
su
primer
discípulo,
Yousseff
Aalla.
El
acusado
Mohamed
Houli,
que
estaba
en
la
casa
también,
resultó
herido.

La
teoría
de
la
conspiración
sugiere
que
el
imán
puede
seguir
vivo

“¿Alguna
de
estas
dos
víctimas
podría
haber
fallecido
minutos
antes
de
la
explosión?”,
preguntó
el
letrado.
“No,
las
lesiones
eran
letales.
Había
humo
en
los
restos
de
los
cadáveres”,
contestó
la
forense
Lluïsa
Barberà.
“¿Pudieron
morir
por
otras
causas?”,
insistió
a
otro
forense,
de
nuevo
sin
éxito.
“No;
si
no,
constaría
en
el
informe”,
le
contestó.

Tal
vez
Es
Satty,
en
caso
de
seguir
vivo,
podría
aclarar
las
dudas.
Mientras
algunos
perseguían
a
su
fantasma,
otras
presencias
en
la
sala
fueron
obviadas.
Como
la
de
una
madre
italiana
que
perdió
a
su
pareja
en
La
Rambla
la
tarde
del
17
de
agosto
de
2017.
Paseaba
con
él
y
sus
dos
hijos.
El
mayor
de
ellos
no
olvida
al
padre
y,
por
ahora,
no
está
para
distinciones:
“Odia
a
los
musulmanes”,
resumió
la
mujer.

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