Lucas Vázquez, el tapado de Valdebebas

Lucas Vázquez, sobre el césped de El Sadar el pasado sábado contra Osasuna.
Lucas Vázquez, sobre el césped de El Sadar el pasado sábado contra Osasuna.ANDER GILLENEA / AFP

Hace diez años, en Valdebebas surgió una camada de atacantes que disparó las ilusiones del club: Morata, Jesé, Cheryshev, Sarabia, De Tomás, Joselu… Muchos han conseguido una carrera fértil y alguno ha movido, incluso, cantidades muy elevadas de dinero en el mercado, pero el único de los futbolistas ofensivos de entonces que ha sido capaz de echar raíces en el primer equipo no figuraba en esa lista de elegidos, sino a rebufo de ellos. Lucas Vázquez era el tapado de aquellos tiempos en la Ciudad Deportiva. Un joven que en su época en el Juvenil A sufría lesiones musculares habituales y al que luego en el Castilla le costó dos temporadas salir del banquillo de suplentes mientras sus compañeros apuntaban a lo más alto. Y su receta para abrirse paso, en realidad, no fue tan distinta en esos inicios que ahora en la caseta de celebridades del Bernabéu: resistir y estar a la que salta.

Salvo sorpresa, este jueves contra el Athletic en la semifinal de la Supercopa de España (21.00, Movistar) igualará su mejor racha de titularidades consecutivas (18) en la élite. La marca personal la registró en el Espanyol en la 2014/15, donde pegó el estirón definitivo antes de que Rafa Benítez lo reclutara de vuelta. Su récord en el Madrid hace semanas que lo rompió: eran 13 y databa de la breve época de Santiago Solari en la banda de la Castellana, cuando el técnico argentino se cargó a Bale y puso al gallego, al que piropeó con una frase muy florida: “Tiene las virtudes que más valoro del carácter español: es solidario y valiente”. Lucas Vázquez, de 29 años, vive su mejores días en el Madrid, un momento que contrasta con un futuro incierto. Su contrato expira en seis meses y la continuidad no está ni mucho menos resuelta. “Eso no depende solo de mí”, ha indicado en un par de ocasiones, apuntando hacia arriba por si las negociaciones fracasan.

“Había jugadores que partían por delante de él, pero el fútbol sorprende”, comenta Alberto Toril, técnico suyo en la cantera

“Era un poco incógnita en los comienzos”, recuerda Alberto Toril, que lo dirigió en las categorías inferiores, incluidos dos cursos y medio en el Castilla. “Tenía buenas condiciones, aunque a esa edad no se podía saber si iba a llegar donde está ahora. Había jugadores que, a priori, partían por delante de él, pero el fútbol sorprende”, explica el técnico. El entrenador cordobés, por ejemplo, en las dos primeras campañas que lo tuvo en el filial grande (2011/12 y 2012/13) apenas lo alineó 12 veces de salida. “Fabinho, Cheryshev, Jesé o Juanfran [Moreno] estaban más hechos. En las canteras hay que esperar tu momento y él lo supo aprovechar. Era persistente y fue entrando poco a poco”. Su hora llegó en el tercer y último año en Valdebebas, cuando pasó del decimonoveno en número de minutos en las dos temporadas anteriores al primer lugar. Esas horas acumuladas a la sombra de sus compañeros, sin embargo, dejaron marca para siempre. Contrató un entrenador personal y, como el propio jugador confesó, esa etapa le ayudó “psicológicamente para no dejarse ir”.

Captado por Míchel

Sobre el césped, eso sí, en aquel primer Lucas, que había sido captado por Míchel en 2007 con 16 años, apenas había rastro del tajo al que no le quedó más remedio que recurrir a partir de su regreso, en 2015, si quería prosperar en casa. Al principio, su juego se limitaba a buscar el desequilibrio en ataque. “Antes hacía tres o cuatro cosas en un partido y ahora es más consistente, capaz de aportar más y durante más encuentros. Es lo que le ha dado la oportunidad de jugar en el Madrid”, advierte Toril, que agota estos días su etapa de tres años en la cantera del Guangzhou chino.

Es el quinto jugador blanco que más partidos ha disputado en las dos épocas de Zidane

Todos sus entrenadores lo apreciaron, pero bajo el manto de Zidane nunca le ha faltado un sitio en la mesa. Tanto que la estadística deja un dato llamativo: fue el jugador que más choques disputó en la primera etapa del francés (121) y, en la suma total con Zizou, es el quinto (174, igual que Varane), tras Benzema (192), Kroos (189), Casemiro (179) y Modric (177), y cuatro más que Ramos, aunque con un porcentaje de titularidades sensiblemente inferior. Su última conquista, ser el guardaespaldas de Carvajal en el lateral derecho, función que desempeñará contra el Athletic debido a la lesión del primero.

Con él compartió vestuario en las categorías inferiores, un tiempo en el que resultaba difícil imaginar al gallego en ese flanco de la zaga. “Le puede venir bien esa posición por sus facultades físicas porque, como extremo del Madrid, se necesitan 15 o 20 goles, y eso a él le cuesta”, comenta Alberto Toril. Esta campaña ya lleva nueve encuentros en esa función, por delante del suplente oficial, Odriozola (30 millones de coste en 2018), y de las otras alternativas en principio más naturales (Militão -50 de desembolso el año pasado- y Nacho).

A ojos de ZZ, hace mucho que pertenece a ese retén de innegociables con los que el francés está dispuesto a llegar hasta el final. Su valor dejó de depender de actuaciones puntuales. En las próximas fechas, eso sí, deberá hacer frente a una nueva amenaza si aspira a prolongar su etapa más dulce: el enésimo regreso de Hazard, el eterno deseado.

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