ERC quiere blindar el diálogo con Sánchez pese a la presión de Junts

Gabriel Rufián, con Pedro Sánchez y Carmen Calvo el pasado día 17 en el Congreso.
Gabriel Rufián, con Pedro Sánchez y Carmen Calvo el pasado día 17 en el Congreso.David Castro / El periódico / Pool / GTRES

Las elecciones del 14-F han dejado una holgada mayoría independentista en el Parlament, con 74 de los 135 diputados. La ganadora dentro del bloque soberanista es una ERC que, con 33 escaños, trata de diluir el peso de Junts per Catalunya (32) en un futuro Gobierno de coalición. Por ello, los de Oriol Junqueras se esfuerzan en abrir el pacto a otras fuerzas, como la CUP y En Comú Podem. Esquerra teme que las condiciones draconianas que quieren imponerles Junts con su estrategia de confrontación hipotequen tanto la acción política del Govern como el diálogo con el Ejecutivo de Pedro Sánchez, al que no están dispuestos a renunciar.

ERC ha obtenido una victoria pírrica dentro del independentismo en unas elecciones en las que ha igualado en número de escaños al PSC, ganador en número de votos. “Para poder aplicar su estrategia, los republicanos deberían deberíamos haber obtenido una victoria más amplia sobre Junts per Catalunya”, reconocen fuentes de la propia ERC. “Con seis o siete diputados más, Esquerra habría podido intentar un Gobierno con En Comú Podem y con apoyo externo de PSC”, agregan fuentes posconvergentes. De hecho, los republicanos independentistas —sin abandonar los grandes eslóganes del frontispicio soberanista (amnistía y autodeterminación)— quieren circunscribir las negociaciones a elementos factuales —la investidura de Pere Aragonès y los presupuestos de la Generalitat—, rehuyendo fijar fechas para futuros referendos independentistas como sugieren sus potenciales socios de Junts y la CUP. Pero lo tienen complicado.

Desde ERC afirman que los de Carles Puigdemont no van a hipotecar su política negociadora en Madrid, y militantes como Joan Tardà sugieren abiertamente que es pronto para descartar en Cataluña opciones como las de un Gobierno con apoyos en la izquierda (PSC y comunes). En el partido de Junqueras hay quienes esperan que la tensión haga descarrilar en la primera curva el proyecto de Ejecutivo independentista y permita reformular alianzas.

Es un encaje de bolillos político, pues debería ir acompañado de gestos, según defienden fuentes de ERC, como los indultos a los líderes independentistas presos y la reforma del Código Penal. Los republicanos son conscientes de que desde sectores económicos —entre ellos, la gran empresa catalana— se prefiere un Gobierno de ERC con apoyos de PSC y comunes antes que volver a la inseguridad jurídica y a la inestabilidad de la pasada legislatura. El republicanismo se debate entre un déjà vu con Junts o una inexplorada experiencia con socialistas y comunes, opción que les arrojaría a las tinieblas de la condenación por parte de quienes velan por las esencias del procés.

Camino tortuoso

De momento, y para expresar que hay pluralidad hipotética de opciones, la primera entrevista de los republicanos ha sido —tres días después de las elecciones— con la CUP. El pasado viernes con Junts, y ayer se reunieron con los comunes. El camino se intuye tortuoso. El mantra de Esquerra es sostener que el electorado ha virado hacia la izquierda y que ello exige nuevas políticas, pero el cordón sanitario del independentismo y los propios republicanos al PSC hace difícil plasmar ese deseo en realidad. Por ello parece que de momento no queda mas posibilidad que recurrir al magma ideológico de Junts, donde conviven unidos por el patriotismo quienes son contrarios a los impuestos de sucesiones y patrimonio junto a los que dicen ser socialdemócratas.

De entrada, los de Puigdemont ya han sugerido incluir entre los acuerdos para el nuevo Ejecutivo catalán que haya “una estrategia compartida” en el Congreso de los Diputados, cuando es frecuente que las fuerzas soberanistas se sitúen en posiciones no coincidentes —si no antagónicas— respecto a las iniciativas políticas del Gobierno del PSOE y Unidas Podemos. El secretario general de Junts, Jordi Sànchez, afirmó hace unos días en Catalunya Ràdio que si se quiere un Govern fuerte los votos de sus integrantes no pueden ser “disonantes” en el Congreso como sucedió en la investidura, los Presupuestos Generales del Estado y los estados de alarma. La portavoz de Junts, Elsa Artadi, insistió ayer en la misma idea. Esquerra quiere proteger su autonomía política y su estrategia negociadora en Madrid rechazando este compromiso.

La constitución de la Mesa del Parlament antes del próximo 12 de marzo será un anticipo de qué Gobierno puede cristalizar antes del 26 de mayo. Laura Borràs, cabeza de lista de Junts e imputada por corrupción, aspira a estar en el futuro Govern, aunque en su misma formación hay quienes la sitúan como futura presidenta del Parlament. El papel de la Mesa de la Cámara será crucial en esta legislatura, puesto que la presidencia decide quién es candidato a la investidura y fija un comportamiento a la hora de tramitar iniciativas políticas de dudosa legalidad. Si la presidencia queda en manos de Junts, se intuye un futuro movido para los servicios jurídicos de la Cámara.

El hasta ahora vicepresidente del Parlament, Josep Costa —otro posible candidato de Junts— tiene el estigma de haberse reunido con grupos independentistas de extrema derecha antes de las elecciones del 14-F. La oposición de ERC a que Borràs o Costa asuman cargos institucionales es notoria, pero su leve ventaja dentro del independentismo no le permite imponer demasiadas condiciones. Puigdemont, por su parte, quiere situar dentro del Ejecutivo de la Generalitat a Elsa Artadi, como vicepresidenta, y a Josep Rius, ex jefe de gabinete del expresident, como consejero, aseguran en medios próximos a Junts.

El PSC y los comunes coinciden en que si ERC repite alianzas se equivocará. “Es un error”, apunta un destacado socialista; para los comunes, reincidir en la fórmula será “perpetuar la parálisis y la decadencia”. Desde ambos partidos señalan como ejemplo de lo que vendrá y muestra de volubilidad la improvisación y el desconcierto con que el conglomerado independentista está afrontando estos días el papel de los Mossos frente a la violencia en las calles por el caso Hasél. En Comú Podem votará en contra de Pere Aragonès al frente de un Gobierno en el que figure Junts, aseguran desde la formación. Los socialistas, ganadores de las elecciones, insisten en la candidatura de Salvador Illa, pero, conscientes de la imposibilidad de sumar, aguardan movimientos. Todo puede pasar, aunque es difícil que cambie mucho.

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