El año de la reconstrucción verde inacabada

La vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.
La vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera.Carme Ripollés / Europa Press

“Un año después del inicio de la pandemia, el gasto destinado a recuperación no ha cumplido con los compromisos de las naciones de reconstruir de una manera más sostenible”. Lo dice el estudio del Proyecto de Recuperación Económica de la Universidad de Oxford y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), según el que “todavía no estamos en el camino de una recuperación ecológica”. El informe, ¿Estamos reconstruyendo mejor? Evidencias de 2020 y vías para la recuperación del gasto verde inclusivo, destaca que el 13% de los 14,6 billones de dólares de gastos anunciados en las 50 principales economías del planeta se destinaron a medidas de recuperación a largo plazo (el resto a rescate), y de esos 1,9 billones, solo el 18% (341.000 millones de dólares) a iniciativas de recuperación ecológica, pese a las evidencias de que las políticas de medio ambiente se han demostrado como una de las herramientas más eficaces para la reconstrucción. Asimismo, resalta que esa inversión la respalda un pequeño grupo de países ricos. Las cifras manejadas excluyen los fondos de la Comisión Europea.

Según el documento, considerado el más completo de su tipo, se han perdido muchas oportunidades de inversión verde con las excepciones de esos países (Dinamarca, Finlandia, Alemania, Noruega, Francia y Polonia), así como los principales paquetes de medidas de Corea del Sur y España, país que lanzó el España puede y está a un paso de entrar en el grupo de los países líderes (los anteriormente citados) en gasto en recuperación verde, pero que todavía está en el de los de oportunidades perdidas. A juicio de los autores, los elevados tipos de interés y las restricciones de deuda obstaculizaron los esfuerzos de muchas economías de mercado emergentes y en desarrollo (EMDE, por sus siglas en inglés).

Ante eso, reclaman a los Gobiernos que inviertan de manera más sostenible y aborden las desigualdades a medida que estimulan el crecimiento tras la “devastación” provocada por la pandemia. Para ello, será fundamental que las economías avanzadas y los organismos multilaterales se asocien con las EMDE para cumplir las aspiraciones de recuperación verde. Esta puede traer, según el informe, un crecimiento más fuerte, mientras ayuda a cumplir los objetivos ambientales globales y abordar la desigualdad estructural. “Para evitar que se desvanezcan décadas de progreso contra la pobreza, los países de bajos ingresos necesitarán una financiación sustancial en condiciones favorables de los socios internacionales”, recomienda.

En ese sentido, plantea cinco preguntas que marcan el camino hacia la recuperación sostenible: ¿Qué está en juego a medida que los países comprometen recursos sin precedentes?, ¿qué vías de gasto podrían mejorar la recuperación y la sostenibilidad ambiental?, ¿cuál es el papel del gasto en recuperación para abordar las desigualdades exacerbadas por la covid-19?, ¿qué tipo de inversiones están realizando los países para abordar el cambio climático? y ¿qué más se necesita hacer para garantizar una recuperación sostenible y equitativa?

Para la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, “los Gobiernos tienen una oportunidad única de poner a sus países en trayectorias sostenibles que priorizan las oportunidades económicas, la reducción de la pobreza y la salud planetaria a la vez”. Brian O’Callaghan, investigador principal del proyecto y autor del informe, añade que “a pesar de los pasos positivos de algunas naciones líderes, el mundo hasta ahora no ha logrado igualar las aspiraciones de reconstruir mejor. Pero las oportunidades de gastar sabiamente aún no han terminado. Los Gobiernos pueden aprovechar este momento para asegurar la prosperidad económica, social y ambiental a largo plazo”.

El profesor de Economía Ambiental de Oxford Cameron Hepburn completa: “Este informe es una llamada de atención. Los datos muestran que no estamos reconstruyendo mejor, al menos no todavía. Sabemos que una recuperación ecológica sería una ventaja para la economía y el clima; ahora tenemos que seguir adelante”.

En definitiva, aunque existen ejemplos prometedores de políticas de recuperación ecológica, estos han sido aplicados por un pequeño grupo de países ricos. Sin embargo, a su juicio, “a medida que se avance con las vacunas y disminuya la necesidad de un gasto urgente en rescate, aumentará el impulso del gasto de recuperación”. Es decir, se presenta “la mayor oportunidad que hemos tenido hasta la fecha para redirigir el curso de las emisiones de gases de efecto invernadero del ser humano y alinear el gasto con los objetivos de la Agenda 2030”.

“La elección de los responsables políticos es clara: aprovechar el gasto de recuperación para alejarse de los peores impactos del cambio climático y la desigualdad o reforzar los sistemas existentes de uso intensivo del carbón y encerrarse en un futuro insostenible desde el punto de vista económico, social y medioambiental”, concluye.

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