La certeza de Dani Olmo

La cotidianeidad de coger un ascensor pude deparar metáforas diabólicas. Luis Enrique y cinco miembros de su cuerpo técnico quedaron atrapados en el elevador que recorre el interior del rascacielos en el que está implantado el Eurostars de Sevilla. Cerca de una hora tardaron los operarios en rescatar al seleccionador y a sus ayudantes, que llegaron al estadio de La Cartuja con el tiempo justo para impartir la charla previa al partido y escuchar cómo la megafonía se limitaba a anunciar conjuntamente el himno de España y el de Kosovo.

A la selección, su atasco particular no le duró una hora, fue media, pero tan alarmante como lo que se vio ante Grecia y Georgia. España estaba varada en la nada hasta que a Dani Olmo le cayó una pelota en las inmediaciones del pico izquierdo del área. Sin un central kosovar que le atosigara, el atacante levantó la cabeza y aplicó el interior de su bota derecha para que la pelota trazara una curva hacia la escuadra del petrificado Ujkani.

Olmo, de 22 años, se ha revelado como una de las pocas certezas que parece manejar Luis Enrique. Al preparador asturiano le seduce su polivalencia. Le tiene una fe inquebrantable. Ha sido un fijo en la mayoría de sus convocatorias. “Puede jugar como extremo, como interior o como falso nueve”, le elogió en los primeros días de esta última concentración. El seleccionador le ha hecho jugar en todos esos puestos desde que retornó al banquillo de la Roja, en septiembre de 2019.

Con el trascendental gol que hizo en Georgia y con el de anoche a Kosovo ha dado un golpe definitivo para estar en la próxima lista de la Eurocopa como una pieza importante.

Tenido por los seleccionadores de las categorías inferiores como un jugador en plena evolución cuando decidió abandonar La Masía para fichar por el Dinamo de Zagreb, Olmo ha dado un estirón bajo la dirección de Julian Nagelsmann en el Leipzig. El club alemán le reclutó en el mercado invernal de la pasada temporada. No arrancó bien. Era suplente hasta que decidió pedirle audiencia a Nagelsmann, que le explicó que aún debía de terminar por interiorizar el complejo y dinámico fútbol ofensivo que desarrolla el Leipzig. En la charla, Olmo, que se había criado como extremo en La Masia, mostró sus preferencias por jugar como un 10 insertado en el juego interior.

Ambición, entrega y confianza

Al poco de aquella charla, Nagelsmann se rindió a Olmo. “Estoy muy satisfecho con él. Se adapta cada vez mejor. Es un gran talento y un gran tipo que quiere aprender, que tiene la modestia necesaria, pero también la ambición y la confianza en sí mismo. También abre la boca a veces y dice que quiere jugar”, admitió el técnico alemán. Su padre, Miquel Olmo, exentrenador del Sabadell, también ha contribuido a la construcción de un jugador considerado en Alemania como uno de los que más ha progresado desde que arrancó este curso. Registra 26 partidos en los que ha marcado tres goles y ha dado nueve asistencias. Las sociedades que forma con Angeliño y con el fino sueco Forsberg han lanzado al Leipzig a la pelea por el título, mano a mano con el Bayern de Múnich.

Con la selección, en Georgia, también se destapó como un socio perfecto para Pedri y para Jordi Alba. Olmo se va de esta ventana de tres partidos como una de las pocas certezas que ha ofrecido la España de Luis Enrique a dos meses de la Eurocopa.

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