La fatal prioridad de Sergio Ramos

Sergio Ramos choca la mano de Luis Enrique antes de salir este miércoles contra Kosovo en Sevilla.
Sergio Ramos choca la mano de Luis Enrique antes de salir este miércoles contra Kosovo en Sevilla.CRISTINA QUICLER / AFP

Barcelona amaneció este Jueves Santo con un guiño de Sergio Ramos a Laporta que terminó siendo fatal. Hace meses, el entonces candidato a la presidencia azulgrana colgó enfrente del Santiago Bernabéu una gigantesca lona con el lema “Ganas de volver a veros”. Ahora, el capitán blanco y su equipo pensaron que una gran idea para promocionar la segunda temporada del documental sobre su vida, que se estrenará el próximo 9 de abril (un día antes del clásico), sería instalar otro enorme cartel en mitad de la ciudad catalana con la frase: “Ganes de que em torneu a veure” (Ganas de que me volváis a ver). Sin embargo, eso no ocurrirá, al menos a corto plazo en un césped.

Una nueva lesión, esta vez muscular en el gemelo interno de la pierna izquierda, mandó al central a la enfermería para el próximo mes. Así pues, de entrada se pierde el doble enfrentamiento de cuartos de la Champions contra el Liverpool (6 y 14 de abril) y el choque ante el Barça. Dos duelos que marcarán el futuro de los blancos y, quién sabe, si de parte del vestuario, especialmente del sevillano, cuyo contrato expira en tres meses y su renovación se encuentra hace meses atascada en un oscuro túnel. Acostumbrados a hacer la goma como método de supervivencia, Zidane y sus muchachos afrontan diez días muy delicados que no dejan hueco a las escapatorias. De este trance saldrán fortalecidos, tocados o hundidos, pero nunca iguales. Y ese río lo tendrán que cruzar sin su líder en el campo, en palabras de ZZ.

Esta nueva ausencia, por el contexto y las circunstancias en las que se produce, complica aún más las conversaciones de Sergio Ramos con el Real Madrid. Lo sucedido estos 15 días inevitablemente lo compromete. Después de no viajar a Vigo para el encuentro previo al parón por selecciones debido a un golpe en la tibia izquierda, —acababa de salir de una lesión en el menisco de la pierna izquierda que requirió cirugía y lo tuvo dos meses de baja—, no dudó en alistarse con España con el principal objetivo de alcanzar cuanto antes un récord de internacionalidades (está a cuatro de las 184 del egipcio Ahmed Hassan) que se ha convertido en su obsesión. Se recorrió media Europa, pero vestido de corto apenas se le pudo ver 50 minutos en dos ratos. Fue retirado en el descanso frente a Grecia, no apareció ante Georgia y contra Kosovo salió cinco minutos con el único fin de sumar otro partido. Pese a su insistencia y la de Luis Enrique en asegurar que su estado físico era óptimo, sorprendió que un jugador innegociable hasta ahora no tuviera más participación en tres encuentros oficiales que, además, adquirieron un punto crítico en el camino de la Roja al Mundial de Qatar.

“Poco a poco voy encontrando el ritmo”, aseguró el futbolista este miércoles después del partido contra Kosovo, instantes antes de volver a lesionarse, según el relato que ofreció él mismo en las redes. “Me quedé entrenando sobre el terreno de juego y noté un pinchazo en el gemelo izquierdo. Me han realizado las pruebas y se ha confirmado que tengo una lesión muscular”, explicó. Un percance distinto al que le mandó al quirófano en enero. Quienes lo trataron en Valdebebas observaron a un Ramos muy tocado psicológicamente. “La verdad es que llevo unas semanas bastante duras, pero, en el fútbol, como en la vida, la mala suerte también juega un papel”, añadió en su escrito.

Esta nueva caída es la culminación de una temporada en la que ha ido acumulando desgracias físicas en medio de un proceso negociador con el club muy complicado. En lo que va de curso ya se ha perdido 18 citas, y subiendo. Estuvo ausente en el estreno en Champions contra el Shakhtar por un golpe. En noviembre le frenó una rotura de fibras, que lo mantuvo de baja cinco jornadas. Luego llegó la lesión más importante, en el menisco de la pierna izquierda, que lo dejó fuera nueve encuentros, entre ellos, la ida de octavos de la Liga de Campeones frente al Atalanta y el derbi en el Metropolitano.

Apuró plazos para llegar a la vuelta europea y lo consiguió, pero dos encuentros después de volver, contra el Celta, debió parar de nuevo por precaución, aunque eso no fue obstáculo para ir con la selección, un movimiento que es el que más le compromete. Y ahora, otro traspié. En medio de esta secuencia, incluso unos problemas estomacales en las horas posteriores a la Nochevieja lo mandaron al sofá contra el Celta. Cinco parones en total y ningún encuentro completo desde mediados de enero.

El Madrid ha ido sobreviviendo a su ausencia, algo poco habitual en los últimos tiempos. Pero un curso tan accidentado es lo que menos necesitaba el central en este momento de litigios laborales. Después de su participación crucial en el postconfinamiento, dentro del campo con sus goles y fuera como enlace entre el vestuario y el club para negociar una rebaja del 10% de los sueldos, las cosas se han torcido. Si hace un mes su margen de negociación para prolongar el contrato no era grande, la sucesión de hechos de la última quincena restringe todavía más su fuerza y capacidad de maniobra. Para cuando regrese, quién sabe dónde estará el equipo y el futuro que le puede quedar a él de blanco si no cede en sus pretensiones.

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