Mouctar Diakhaby, un gigante contra el racismo

Sentado en la grada del Ramón de Carranza, con la mascarilla puesta y todavía vestido de corto, la imagen de Mouctar Diakhaby (Vendome, Francia, 19/12/1996) llegó a todos los confines del planeta fútbol. Minutos antes había dicho “basta”. Se había negado a jugar porque Juan Cala, el central del Cádiz, lo había llamado “negro de mierda”, según la conversación con el jugador del Valencia que recogió el árbitro en el acta del partido. La furibunda reacción de Diaka, como le llaman en el vestuario a este gigante inseguro con cara de niño y sonrisa fácil, se explica desde su ideología de tolerancia cero con el racismo. Al francés de 24 años le molesta cualquier comentario xenófobo. En el vestuario lo saben y lo comprenden. Al igual que sus tutores en el club, primero Geoffrey Kondogbia y ahora Eliaquim Mangala, Diaka está muy comprometido en la lucha contra el racismo aprovechando su profesión.

De religión musulmana, Diakhaby lleva una vida muy tranquila junto a su mujer y a su hijo Ibrahim, de apenas un año de edad. Apenas sale de casa más que para ir a entrenar. Se distrae escuchando rap francés y jugando al FUT Champions, uno de los modos de juego disponibles dentro del Ultimate Team de FIFA 21. Diaka enloquece cuando sale una carta especial suya en el juego. Es habitual verle con el centrocampista parisino del Levante UD, Mickael Malsa, al que recientemente le ha prestado un coche y con el que comparte muchas afinidades, entre ellas la ropa. Antes de cada partido tiene la manía de raparse la cabeza con una cuchilla de afeitar.

Para explicar a Mouctar Diakhaby hay que volver a la etapa de Marcelino García Toral en Mestalla. Diakhaby no ha sido el mismo jugador desde que se marchó Marcelino. Con Javi Gracia ha recordado en varias ocasiones al central que destetó el asturiano, pero la regularidad y la fiabilidad que alcanzó con aquel no han vuelto. Marcelino educó a Diaka en Paterna. No fueron clases particulares al uso, pero el técnico asturiano dedicó mucho tiempo en la ciudad deportiva de Paterna a que el francés ganará en confianza o autoestima, y aprendiera a coordinar su metro noventa y dos de estatura sin atropellar aparatosamente a ningún contrario.

“Marcelino, confiaba mucho en mí. No tenía miedo a ponerme en las grandes citas. Es un entrenador que me marcó. Me hizo evolucionar en muchas cosas”, manifestaba el central esta semana en la revista Onze Mondial.

En los primeros meses del curso 2018-19, era habitual ver a Marcelino corrigiendo al francés. Formado en la Academia del Olympique de Lyon, el joven Mouctar agradeció la dedicación de Marcelino, que le entregó, nada más llegar y durante su primera temporada en el club, un buen cargamento de vídeos en un lápiz de memoria que cargaba todas las semanas con material nuevo. Como un alumno aplicado, Diakhaby se empapó de los vídeos que le editaba el entrenador y corrigió sus defectos a la hora de perfilarse y posicionarse tácticamente. Con un físico privilegiado y una estatura imponente para jugar de central, Marcelino detectó, pese a su experiencia en Liga de Campeones, que el francés estaba verde en diferentes facetas del juego. Hay técnicos en Paterna que siguen pensando lo mismo.

Cuando Peter Lim fuminó a Marcelino, Mateu Alemany y Pablo Longoria, el equipo se despeñó y Diakhaby fue uno de los que más acusó el golpe. Perdió concentración, y mutó en un futbolista descoordinado y fallón que no sabía esconder las manos. Con Albert Celades no hubo química. “No fui eficiente al principio de la temporada y prefirió a otros jugadores”, explicó Diakhaby en Onze Mondial, que reconoció que no tenía relación con el andorrano. “Intentaba comunicarme con él, pero era bastante complicado”, dijo. Tres penaltis consecutivos, dos ante la Atalanta en Mestalla en Liga de Campeones y uno en liga contra el Levante, lo desmoralizaron el curso pasado. “Ese es el peor momento de mi carrera, con diferencia. Sé que esos partidos me salieron mal. Cometí errores y varios penaltis. Cuando tienes poca confianza puedes cometer más fallos”, admitió el martes en el Diario AS.

Pablo Longoria, actual presidente del Olympique de Marsella, detectó el talento precoz de Diaka en el Olympique de Lyon. Su fichaje fue arriesgado por la edad, 21 años, por la operación, 15 millones de euros más dos en variables, y porque después de disputar 34 partidos en la élite en su primera campaña con el primer equipo lionés, la 2016-17, y destacar en la Europa League, venía de una temporada marcada por la irregularidad. Firmó hasta junio de 2023 con una cláusula de rescisión de 100 millones de euros. Entre los aficionados todavía se recuerda el llamativo chándal, una de sus prendas favoritas, con el que aterrizó en Manises. En Lyon hablaban de él como el sucesor de Samuel Umtiti, también formado en la cantera del OL.

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