Cómo saber si España puede

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en la presentación de "España Puede".
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en la presentación de “España Puede”.Jesús Diges / EFE

Enfoques a corto, medio y largo plazo; cuatro objetivos transversales; diez “políticas palanca” con sus 30 “componentes”; y 70.000 millones de euros para invertir entre 2021 y 2023 con el objetivo de modernizar la economía española, entendiendo por tal, como la Unión Europea ha definido, su digitalización y transición ecológica.

No han faltado adjetivos ni comparaciones con los grandes momentos de la Historia reciente española para definir España Puede, el plan que el Gobierno enviará a la Comisión Europea en unos días para determinar el destino de los fondos Next Generation UE, y no es para menos. La transversalidad de las políticas que abarca, la magnitud de los fondos disponibles, y sobre todo la necesidad de la que parte, no aconsejan otra cosa y obligan a hacer de éste un “Proyecto país”.

Un proyecto de país no solo pertenece al Gobierno, ni a las Administraciones Públicas, ni a las empresas o agentes sociales. Un proyecto de país es de todos estos agentes y otros más, tanto de los que tienen hoy responsabilidades en organismos públicos, privados y sociales, como de los que pueden tenerlas en el futuro.

Tanto es así que este programa, consciente de la complejidad que encierra, propone medidas a ejecutar entre 2021 y 2023, y deja deliberadamente pendiente lo restante hasta 2026. Esto, que podría considerarse un ejercicio de prudencia, resulta confuso al carecer del instrumento fundamental que le daría consistencia: la medición del impacto que estas políticas van a generar para conseguir el objetivo último, que no es otro que “avanzar hacia una España más verde, más digital, más cohesionada desde el punto de vista social y territorial, y más igualitaria”. ¿Cómo se sabrá si las políticas son las adecuadas y están surtiendo los efectos oportunos? ¿Cómo se comprobará qué políticas están siendo más eficaces, cuáles a medias y cuáles menos? Y además, ¿cómo podremos seguirlo, entenderlo y evaluarlo el conjunto de la ciudadanía? Más allá de las auditorías y controles de gasto y legalidad oportunos, nada se dice del impacto.

Esta sería una ocasión de oro para recuperar una Agencia de Evaluación de Políticas Públicas que pudiera seguir y valorar el impacto de lo implementado. Si esto no es posible, al menos sería deseable definir unos indicadores de impacto que permitieran medir el alcance de lo hecho y programar los siguientes ejercicios de acuerdo al resultado de la evaluación. Y si esto tampoco fuera viable, resultará, al menos, imprescindible, que este programa entre dentro del perímetro de acción de Cumpliendo, el proceso de rendición de cuentas que acaba de nacer y que pretende mostrar a la ciudadanía el cumplimiento de los compromisos de gobierno.

Lo que no se mide no se puede mejorar, y en este programa nos jugamos demasiado. España necesita afrontar transformaciones esenciales. Una de ellas, y no la menos importante, tiene que ver con la participación, la transparencia, la evaluación sistemática y la rendición de cuentas.

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