El Elche se agarra a Edgar Badía

Al Getafe no le salen las cosas esta temporada. Este domingo dejó escapar un triunfo contra un rival directo. El Elche, que cazó un gol en un saque de esquina en el primer tiempo, se fue del Coliseum Alfonso Pérez con un punto en la saca (1-1). El tanto de Pere Milla dio el empate a un equipo al que Fran Escribá ha cambiado la cara. Desde la llegada del entrenador valenciano, el club alicantino ha ganado dos encuentros, ha empatado otro y ha perdido cuatro (ante Barça, Madrid, Sevilla y Granada), pero en todos compitió. Enes Ünal igualó el choque en el segundo tramo tras una buena jugada de Kubo y Edgar Badía, el portero que más interviene en LaLiga, hizo una parada formidable, una estirada de postal, para detener un penalti a Ángel al borde del final.

El empate no da respiro al Elche, que se queda con 25 puntos, dos por encima del descenso, marcado por Eibar y Alavés —aún tiene que jugar en el Wanda contra el Atlético— con 23. Es decir, el equipo que sufría en el fondo de la clasificación cuando a mediados de febrero llegó Escribá, está ahora a un partido de distancia del pozo cuando solo quedan diez jornadas para el final de LaLiga. Es mayor la brecha que tiene el Getafe, con 29 puntos, que este domingo sufrió un bajonazo tras arrancar un punto la semana pasada al líder. El empate también le deja tal y como estaba, con la tensión en el cuerpo y a un par de equivocaciones de los que están por debajo.

La temporada está siendo tan difícil para los azulones que se ha debatido y debatido sobre el estilo Bordalás. En el mercado invernal, el equipo se reforzó con las cesiones de Aleñá y Kubo, y tras unos cuantos partidos con ambos titulares, el técnico los mandó al banquillo. El centrocampista cedido por el Barça se recompuso y se volvió a ganar el puesto. Ante el Elche, también el japonés reapareció en el once. Ambos dejaron destellos: lograron bajar el balón y dar sentido al juego en un partido que fue una lata, con interrupciones constantes y las líneas apretadísimas. En los cinco primeros minutos, el árbitro pitó cuatro faltas, el Getafe pidió un penalti y el cuero estuvo parado más de la mitad del tiempo, un problema acuciante en España, la competición liguera en la que menos minutos rueda el balón con diferencia entre los grandes torneos de Europa. El tiempo añadido fue revelador del ritmo: cuatro minutos en el primer tramo y ocho en el segundo.

En ese entorno inhóspito, los pies de Kubo y Aleñá mostraron matices distintos: algún pase filtrado, pelotas al fin domesticadas a ras de césped e intentos en el uno contra uno. Pero fue el Elche el que cantó bingo a balón parado. Los de Escribá atinaron en un córner después de un mal despeje de Chakla. El central marroquí, al que dio la impresión de molestarle la luz del sol, peinó la pelota hacia atrás en vez de despejarla a Cuenca. Cayó en los pies de Gonzalo Verdú, que a bote pronto puso un centro raso para que Pere Milla lo empujase a bocajarro a la red.

En partidos tan igualados como este, con propuestas tan parejas y con tan poco riesgo con el cuero, encontrar un gol es un oasis que puede decidir el signo y el ritmo del encuentro. Para el Elche, además, es un escenario idóneo gracias a su delantero, el argentino Lucas Boyé, un faro que agarra todas las pelotas y permite a su equipo estirarse cada vez que necesita oxígeno.

El encuentro se convirtió en un sacamuelas para el Getafe, que solo creó peligro en los pies de Kubo y Aleñá. El árbitro señaló un penalti en la primera parte por un pisotón de Fidel a Unal tras una buena jugada del japonés, pero el VAR se chivó de que no había nada. En el segundo tramo, el Getafe adelantó ligeramente la presión y en una contra cazó el empate. El balón le llegó a Kubo, que superó en el uno para uno a Mojica y puso un centro raso para Unal, que controló y remató a un metro de la portería.

Los azulones cerraron el encuentro con las mejores ocasiones en un tiro de Kubo a balón parado, bien rechazado por Badía, y con varios pases filtrados de Aleñá. Con el japonés fuera del campo —entró Portillo en su lugar—, otra vez llegó el chivatazo del VAR. Ángel controló el cuero con el pecho dentro del área. La amortiguación lo alejaba de la portería, pero la pelota tocó en el bíceps de Gonzaló Verdú, que cubría al delantero canario. Hernández Hernández lo consultó en la pantalla y señaló pena máxima. La frustró Badía, que hizo una gran estirada para detener a mano cambiada el lanzamiento de Ángel en el minuto 84 y dar un punto a su equipo.

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